Un centenar de personas, más o menos, odian a la Fe católica, pero millones y millones odian lo que ellos incorrectamente creen que es la Fe católica. F. Sheen
El mundo llora selectivamente. En Nigeria queman vivos a bebés cristianos y eso no abre un solo noticiero.
El obispo de Makurdi, Wilfred Chikpa Anagbe, lo dijo sin anestesia: lo que ocurre en Benue no es “conflicto de tierras”. Es genocidio. Yihad. Guerra de conquista. Templos destruidos, aldeas ocupadas, nombres cambiados al árabe, campesinos cristianos expulsados para que otros se queden con la tierra.
En Yelewata, junio de 2025, encerraron a gente —muchos ya desplazados— y les prendieron fuego. Dos bebés de 3 y 5 meses carbonizados. Una madre vio morir a sus cinco hijos y se tiró del techo. Un año después, nadie condenado. El obispo lo resumió con una frase que debería avergonzar a cualquier Estado: la fuerza pública habría llegado a tiempo aunque viniera en bicicleta.
Open Doors: en 2024, más de 3.100 cristianos asesinados en Nigeria. Dos de cada tres cristianos asesinados por su fe en el mundo cayeron ahí. El Parlamento Europeo ya había contado decenas de miles desde 2009. Anagbe testificó ante el Congreso de EE. UU. Días después atacaron su pueblo. Le mataron familiares. Y el titular internacional, si es que hubo, habló de “pastores y agricultores”.
Ese eufemismo es complicidad. Boko Haram, ISWAP y las milicias fulani no discuten pastos: discuten quién manda y quién reza. También matan musulmanes que no se arrodillan. Eso no borra el patrón en el Middle Belt: ir a la aldea cristiana, masacrar, quemar la iglesia, sembrar el terror y ocupar.
¿Dónde está la ONU? ¿Dónde las marchas? ¿Dónde los hashtags? El mismo coro que convierte cada conflicto en moral universal se queda mudo cuando la víctima lleva cruz. No es olvido. Es jerarquía de cadáveres.
Anagbe no pide un tuit piadoso. Pide que dejen de mentir sobre lo que están viendo. Mientras el mundo debate narrativas, en Benue siguen cavando fosas.
FULTON SHEEN Y EL COMUNISMO
Mons. Fulton Sheen, en su obra no suficientemente conocida «El comunismo y la conciencia occidental» (1948), realiza una implacable y enérgica crítica a la ideología comunista, de forma sistemática, aunque divulgativa, y con bastantes toques irónicos:
«Ningún comunista ―dice― ayudará a un cristiano en apuros, salvo que prometa ayudar al partido. Ya lo dijo Molotov: “El pan es un arma política”. Lo cual significa que sólo los que piensan como él pueden comer».
Sin embargo, el pasaje textual que más me agrada es cuando desmonta el tan cacareado sofisma que pretende asimilar el sistema comunista a la comunidad de bienes de las primeras comunidades cristianas. Al respecto, nos recuerda cuál es el «fundamentum», alertando que no debemos confundir ni invertir el medio con el fin, el efecto con la causa, lo natural con lo sobrenatural; así lo explica:
«El único lugar donde triunfa el comunismo es en un convento o un monasterio, donde todos los religiosos hablan de “nuestra celda”, “nuestros libros”. Esa comunidad de bienes nació sin muertes ni campos de concentración, porque la “revolución” se operó primero en las almas de los hombres. Los cristianos primitivos compartieron sus bienes porque tenían el Santo Espíritu del Amor, pero compartiendo sus bienes nunca crearían el Santo Espíritu del Amor. El comunismo procura lo imposible: una hermandad del hombre sin una paternidad de Dios».
En definitiva, el venerable Fulton Sheen sigue la doctrina magisterial de la «Divini Redemptoris» (1937) de Pío XI, para quien el comunismo es intrínsecamente perverso (intrinsecus pravus). En consecuencia, Sheen no impugna el comunismo para fomentar el egoísmo propio del salvaje capitalismo liberal, sino para defender la Doctrina Social de la Iglesia, la cual brota del Evangelio y está basada en la «justicia social» católica que mira por la justa distribución de las riquezas; de este modo lo expresa Mons. Fulton Sheen:
«La manera económica de combatir al comunismo es convertir a los obreros en capitalistas con una amplia difusión de la propiedad privada».
Por ende, no parece que Sheen esté lejos del papa Pío XI, según el cual ―«Quadragesimo Anno» de 1931― debería modificarse el sistema de los salarios a fin de que se le pudiera dar al obrero la oportunidad de participar en los beneficios, dominio, dirección y propiedad de la industria o empresa donde trabaja».
Este año será beatificado Fulton Sheen y posteriormente canonizado; «Deo gratias». Así, pues, pronto la Iglesia podrá elevar litúrgicamente sus almas a Dios para que este gran arzobispo y comunicador interceda por todos nosotros, de tal manera que podamos luchar eficazmente contra los errores del mundo y la injusticia social, moral, política y económica que éste monstruosamente engendra.
Dr. Mn. Jaime Mercant Simó
He recibido con inmensa tristeza la noticia del secuestro de sacerdotes, fieles y estudiantes en Nigeria y Camerún. Siento un profundo dolor, especialmente por los numerosos chicos y chicas secuestrados y por sus angustiadas familias. Hago un vehemente llamamiento para la liberación inmediata de los rehenes e insto a las Autoridades competentes a que adopten las medidas necesarias para conseguirla. #OremosJuntos por estos hermanos y hermanas nuestros, y para que las iglesias y las escuelas sigan siendo siempre y en todo lugar espacios seguros y de esperanza.
Mantener la mirada fija en el Rostro de Jesús nos hace capaces de mirar los rostros de los hermanos. Es su amor el que nos impulsa hacia ellos. Y la fe en Él, nuestra paz, nos pide que ofrezcamos a todos el don de su paz.