Eres como tratas a tu mamá, como tratas al vigilante o al mesero, eres la sonrisa que le regalas a un extraño, la promesa que cumples, el “ven yo te ayudo”, el “discúlpame si te hice daño”. Eres lo que eres cuando nadie te ve. No eres nada de lo que tienes, eres todo lo que das.
Pinches vueltas de la vida. Un día analizas, piensas y crees que puede ir mejor, y al siguiente te das cuenta que sigues Valiendo madre.
A ver que día se me quita lo pendejo.