This is a deep-sea isopod. Dr. Johanna Weston, deep-ocean biologist and guest investigator at @WHOI, is confident this is Bathyopsurus nybelini, one of her favorite animals. Learn why via the YouTube caption: https://t.co/yDxWrRjS97
En el año 1200, en algún taller de Irán, un artesano construyó una caja que nadie podría abrir sin la combinación exacta. Y diseñó esa combinación con tantas variables que probarlas todas habría llevado más tiempo del que cualquier ladrón podría dedicarle.
La caja selyúcida del año 1200-1201 es uno de los ejemplos más sofisticados de mecánica de seguridad medieval que se conoce. Fabricada en latón fundido y martillado, con incrustaciones de plata y cobre formando patrones geométricos y caligrafía árabe, incorpora un sistema de cerradura de combinación con discos rotatorios que generan aproximadamente cuatro mil millones de combinaciones posibles.
Para ponerlo en perspectiva: un ladrón que probara una combinación por segundo, sin descanso, tardaría más de 126 años en agotarlas todas.
Los Selyúcidas gobernaron un imperio que se extendía desde Anatolia hasta Asia Central entre los siglos XI y XIII. Durante ese período, el mundo islámico atravesaba lo que los historiadores llaman la Edad de Oro de la ciencia árabe: álgebra, óptica, astronomía, medicina y mecánica avanzaban a un ritmo que Europa tardaría siglos en alcanzar. La sofisticación de esta caja no es una excepción. Es un ejemplo más de una tradición técnica que consideraba la belleza y la función como inseparables.
La cerradura de combinación de cuatro dígitos que usamos hoy en candados y maletines sigue el mismo principio que este artesano dominaba hace 825 años.
La caja se conserva en el Museo Benaki de Atenas.