Tener 26 es raro, tienes amigos que se casan, otros que se mudan a otros países, unos independizados, otros ni trabajan, unos siguen estudiando, algunos hasta con hijos y otros siguen de fiesta. Es como que no hay un punto intermedio.
Madurar es aceptar que, por más amor que le des a una persona, si no quiere que seas tú, no va a cambiar.
No le va a nacer, no va a poder, no tendrá tiempo, no va a querer y simplemente no le importará.
Yo solía repetirme a mí misma: “Tal vez están pasando por algo”, pero después me di cuenta de que yo también estoy pasando por cosas y jamás me comportaría de esa forma.