Anoche me crucé con dos chicos que me miraron. Uno le susurró algo al otro, el cual respondió:
—Nah, es fea.
Sentí alivio. Alivio de que me llamaran «fea». Alivio de que me hubieran insultado. Alivio porque no quise imaginar qué podría haber pasado de haberles parecido guapa.