La civilización se asienta sobre el control de los impulsos. Controlar la lujuria, la gula, el consumo, la violencia. Equilibrio en la victoria y en la derrota. Estas cosas son las que hacen que un pueblo sea rico.
Ayer los argentinos fueron testigos de la eudaimonía española.
La "Dubaización" de España
El artículo publicado en The New York Times, firmado por el Pedro Sánchez (aunque el estilo es inconfundible de su gabinete, en concreto de Diego Rubio) plantea un falso dilema peligroso para el futuro de España. Bajo una pátina de superioridad moral y pragmatismo económico, el texto nos insta a elegir entre ser una sociedad "cerrada y empobrecida" o una "abierta y próspera". Sin embargo, omite deliberadamente una tercera realidad, la que realmente se está construyendo: una sociedad dual, dependiente de mano de obra barata y con unos servicios públicos al borde del colapso.
Lo que Moncloa vende como modernidad y tolerancia es, en realidad, la "dubaización" de la economía española, donde reina la segregación social y una economía de servicios para una élite sostenida por una subclase sin derechos de facto (aunque los tengan de iure).
La institucionalización de la precariedad
El argumento central del Presidente es que necesitamos inmigrantes para "cuidar de nuestros mayores, trabajar en el campo y servir nuestras mesas". Lejos de ser una visión progresista, esto constituye la admisión de un fracaso estructural. El Gobierno parece haber renunciado a elevar la productividad y los salarios de los trabajos esenciales.
Apunta hacia la creación de una casta de servicio funcional. Al inyectar masivamente mano de obra dispuesta a aceptar condiciones precarias, se desincentiva la inversión en tecnología y automatización, condenando a España a ser una economía de bajo valor añadido sostenida por una subclase laboral.
El egoísmo demográfico disfrazado de solidaridad
Hay un cinismo latente en disfrazar de "ayuda humanitaria" lo que es, en esencia, una extracción de recursos. El artículo sermonea sobre el deber moral de Occidente, pero su lógica es puramente extractiva. El "bien más preciado" de las naciones en desarrollo no son sus materias primas, es su gente: su juventud, su energía y su talento.
Cuando Sánchez afirma que Occidente necesita gente para evitar el declive de sus pensiones, está validando una nueva forma de neocolonialismo. Estamos drenando el capital humano de países que necesitan desesperadamente a esos jóvenes para construir sus propias infraestructuras y democracias, utilizándolos simplemente como parches demográficos para sostener nuestro Estado del Bienestar envejecido.
Los inmigrantes de Latinoamérica o del Magreb no huyen de países en guerra. No estamos "ayudando" al Sur Global; estamos hipotecando su futuro para pagar nuestras facturas presentes.
La ceguera ante los efectos de segundo orden
El texto del NYT ignora convenientemente los efectos perniciosos de segundo orden. La afirmación de que España "está en auge" choca frontalmente con la realidad de la calle y las consecuencias dinámicas de estas políticas:
- El Efecto Llamada: Es ingenuo obviar que una regularización masiva de medio millón de personas funciona como una señal de llamada. Se transmite el mensaje de que la entrada irregular, saltándose las reglas acordadas por los españoles de forma democrática, es una vía válida hacia la ciudadanía, incentivando nuevos flujos migratorios que superan la capacidad de absorción del país. Lejos de "ordenar" la migración, se perpetúa el ciclo de irregularidad y espera, atrayendo a más personas bajo la promesa implícita de futuras amnistías.
- El colapso de la vivienda: No se puede aumentar la población de forma masiva a través de inmigración sin tensionar el mercado inmobiliario. Sin un plan de vivienda titánico, que no existe ni se le espera, esta política garantiza el aumento de la tensión inmobiliaria, expulsando a las clases trabajadoras locales de sus barrios, impidiendo a la juventud española prosperar y formar familas y también condenando a los propios inmigrantes al hacinamiento.
- La saturación de los servicios públicos: La "vía rápida" a la regularización sin una expansión equivalente de la capacidad sanitaria, educativa y de transporte es una irresponsabilidad. El resultado es la degradación de la calidad del servicio para todos. Basta con darse una vuelta por la Línea 5 del metro de Madrid o ir a un centro de atención primaria en L'Hospitalet. El PIB puede crecer en términos absolutos al añadir gente, pero la calidad de vida se estanca o retrocede.
La paz social y el contrato roto
El Presidente atribuye cualquier crítica a la retórica de la "extrema derecha" o al estilo "MAGA". Es un error de diagnóstico fatal y maniqueo. La tensión social no nace solo de los prejuicios, sino del roce real por la competencia de recursos escasos.
La paz social de un país se sustenta en la seguridad material y la cohesión comunitaria. Un modelo de sustitución demográfica acelerada, donde los locales sienten que compiten en desventaja por la sanidad o la vivienda, y donde la integración cultural se subordina a la utilidad económica, es el caldo de cultivo perfecto para la fragmentación social. Ignorar que la inmigración desordenada y masiva distorsiona la convivencia en los barrios obreros es la verdadera amenaza a la estabilidad.
No es el único camino
Sánchez nos vende la fatalidad: "Crecimiento o retroceso". Es falso. Existe el camino de la alta productividad, de la reindustrialización, de políticas agresivas de apoyo a la natalidad autóctona y de una inmigración selectiva y que respete la capacidad de absorción del país.
España no necesita ser un resort vacacional sostenido por mano de obra importada. Ese modelo de dubaización puede cuadrar el excel de las pensiones a corto plazo, pero el precio es altísimo: hipoteca la convivencia, revienta el mercado de la vivienda y renuncia a mejorar la vida de los ciudadanos españoles a cambio de mantener los salarios bajos. Y lo que es más grave: se construye sobre el expolio del futuro de las naciones en desarrollo.
Efectivamente. Y todo lo que los economistas advertimos hace 40 años se ha cumplido al 100 %.
En estos momentos tenemos un déficit del sistema contributivo de unos 61.000 millones de euros, que se está cubriendo con impuestos y deuda pública.
Estos recursos no se pueden emplear en educación (así están las universidades), en vivienda pública (así está el parque de viviendas públicas), en infraestructuras (así están los trenes o el sistema eléctrico) o en gastos generales de las administraciones públicas (así están todos los órganos administrativos, sin capacidad de actuación alguna por falta de recursos).
Y los impuestos extra han supuesto que los salarios reales lleven 25 años estancados (el mapa de crecimiento salarial en España, en comparación con buena parte de Europa que incluyo en esta respuesta, es desolador): de 1994 a 2024, los salarios reales han crecido un 2,76% en España en valor real.
Y como las generaciones jóvenes están peor que nunca, por eso votan a Vox.
Todo, pero absolutamente todo lo que se dijo que iba a pasar (estancamiento de salarios, falta de recursos de las administraciones, etc.) si no se ajustaban las pensiones, ha ocurrido.
Los últimos 40 años han sido la victoria más absoluta, más rotunda y más clara de que la realidad, al final, se impone.
La única pregunta restante es el origen de las máscaras ideológicas que llevan a algunos a negar la realidad objetiva, leer una entrada en el ABC de hace 40 años y no darse cuenta de que ya ha pasado lo que decían que iba a pasar: que las pensiones se iban a llevar todo por delante.
Pero bueno, yo no soy psicólogo.
Es sumamente descriptivo lo que dice una parte importante de la izquierda cada vez que pierde elecciones. Descriptivo porque deja en evidencia que, en el fondo, no le importan ni la democracia, ni la libertad, ni la “voz del pueblo”, y mucho menos la alternancia en el poder. Para ellos, la ciudadanía es esencialmente incapaz: por eso debe ser gobernada sí o sí (por ellos, solo por ellos). Y cuando el resultado electoral no les es favorable, la explicación nunca es política, sino moral: el pueblo se volvió fascista, ignorante o salvaje.
Es la misma lógica que aplican cuando evitan condenar los crímenes de lesa humanidad cometidos por dictaduras y tiranías de izquierda. Las torturas y asesinatos del pasado son condenables porque los perpetró “la derecha”, como Jorge Rafael Videla o Augusto Pinochet; los del presente, en cambio, son relativizados o justificados porque los cometen Nicolás Maduro, Daniel Ortega o Miguel Díaz-Canel. El criterio no es ético ni jurídico, sino ideológico.
Por eso hoy afirman abiertamente que está mal lo que hizo Gabriel Boric —es decir, respetar las instituciones y el resultado electoral— y sostienen que la “solución” es lo que hizo la narcotiranía chavista: robarse las elecciones. Lo primero es calificado de “tibio”; lo segundo, de “revolución”. Ese es el marco mental desde el cual piensan.
Se trata de sujetos peligrosos y profundamente antidemocráticos, que se perciben a sí mismos como faros morales cuando, en realidad, son bárbaros contemporáneos: disfrazan su ignorancia, su autoritarismo y sus complejos con retórica sofisticada y prosa cuidada.
Hay que enfrentarlos. Sin medias tintas. Y hay que impedir que logren su aspiración última: un estalinismo normalizado y generalizado, presentado como virtud moral.
Sin poder llenar la cesta de la compra, sin poder permitirse el acceso a una vivienda, sin poder llegar a casa solos a partir de las 23h, sin poder tener hijos…
Pero manifestándose por una guerra entre moros y judíos en la vuelta ciclista en el centro de Madrid. 🥀
Pese a las últimas noticias, esta confesión de 13 minutos sigue siendo el mayor acto de honestidad que le he visto hacer a un político en España en lo que va de siglo. Es un ensayo de 13 minutos. 13 minutos sobre el gran teatro político.
Ábrete una cerveza, siéntate y goza.
Actuamos en contra de nuestros deseos porque, junto con el Mar Mediterráneo, es lo que separa al hombre del mono.
El principal motor civilizatorio es el dominio de los deseos. Frente a una oveja yo veo lana y el negr0 ve carne ¿se entiende? Pues os acabo de resumir todo Freud.