Hay un duelo del que casi nadie habla: despedirte de las vidas que imaginaste para ti. De la relación que pensabas que iba a durar para siempre. Del trabajo que jurabas que ibas a conseguir. De la ciudad donde creías que ibas a vivir. De la versión de ti que existía solo en tus planes. Y aunque duela aceptarlo, crecer también significa reconciliarte con todo aquello que ya no será. No porque hayas fracasado, sino porque la vida cambió de dirección.
Porque mientras sigas aferrándote a la vida que no ocurrió, te vas a perder la oportunidad de construir una que incluso podría hacerte más feliz de la que alguna vez imaginaste.
Si un día nunca vuelves a saber de mí, recuerda que te quise y te hice mi prioridad. Porque opciones tuve y tengo muchas, pero en todas esas opciones te elegí a ti, incluso cuando tú no me elegiste. Ahora, espero que mi ausencia te de la paz que mi presencia no alcanzó a darte.
Ya entendí (a las malas) que en este momento de mi vida el amor (de pareja) no es mi prioridad, debo enfocarme en mi crecimiento personal y ya después habrá tiempo de pensar en eso.
la madurez es elegir la paz sobre el drama y la distancia sobre la falta de respeto. es perdonar a la gente en silencio, sanar y seguir adelante con tu vida, es elegir la felicidad sobre los recuerdos.
Mi verdadero "abrir los ojos" de este año es dejar de apoyar gente que no es recíproca.
Si me dan ausencia, doy ausencia.
La indiferencia, la devuelvo; si están, yo estoy; si me dan confianza, soy leal... recíproco todo, desde el amor hasta el desinterés