COMUNICADO
Bogotá D.C., 2 de febrero de 2026
La Asociación de Ateos de Bogotá, fiel a su compromiso con la defensa de la laicidad y la separación efectiva entre las iglesias y el Estado, informa a la opinión pública su intervención formal en el proceso de tutela Rad. 11001-31-03-052-2026-00067-00, que cursa actualmente en el Juzgado 52 Civil del Circuito de Bogotá contra el Presidente de la República, Gustavo Petro Urrego.
Nuestra postura se fundamenta en los siguientes puntos:
EXIGENCIA DE NEUTRALIDAD ESTATAL: Hemos radicado una coadyuvancia técnica solicitando que, en cumplimiento de la Sentencia T-124 de 2021 de la Corte Constitucional, se ordene al Jefe de Estado mantener una neutralidad absoluta en materia religiosa. El Presidente, como símbolo de la unidad nacional, no debe utilizar su investidura para validar, cuestionar, interpretar o promover dogmas religiosos de ninguna índole.
EL ABSURDO DEL ARBITRAJE DOGMÁTICO: Señalamos la improcedencia de que el aparato judicial pretenda dirimir disputas sobre figuras religiosas. El cristianismo es un fenómeno atomizado en múltiples vertientes y sectas con posturas contradictorias entre sí. Es un absurdo jurídico que el Estado intente actuar como árbitro teológico; hacerlo implicaría tomar partido por una visión específica, vulnerando el pluralismo y la igualdad que protege nuestra Constitución.
RECHAZO A LA RETRACTACIÓN POR "OFENSA": La Asociación es enfática en que el Presidente no debe retractarse ni pedir disculpas ante sectores que manifiesten sentirse "ofendidos" en su fe. En un Estado Laico, los sentimientos religiosos no son criterios jurídicos ni pueden condicionar el discurso público. Exigir disculpas por una supuesta afrenta al dogma equivaldría a reconocer una "verdad religiosa oficial", lo cual es inconstitucional.
DEFENSA DE LA LAICIDAD: Nuestra intervención no busca proteger a un gobierno, sino salvaguardar la institucionalidad de la Presidencia de la República frente a intromisiones teológicas. La única orden procedente es la de garantizar que el discurso público se mantenga neutral en materia religiosa, respetando el fuero interno de creyentes, no creyentes y escépticos.
Para ampliación de información:
David Mariño Segura, director ejecutivo +57 3213846578
[email protected]
El ateísmo no posee contenido ideológico ni doctrinal alguno. No afirma nada, no propone explicaciones sobre el universo ni pretende constituir un sistema de creencias. Por esa misma razón, no puede ser calificado como una «cosmovisión falsa», ya que carece por completo de contenido dogmático o ideológico.
El ateísmo es, simplemente, un adjetivo descriptivo que se aplica a toda persona que no sostiene creencia en dioses. Incluye al niño recién nacido que aún no ha adquirido ninguna creencia religiosa, al anciano que ha abandonado la fe en deidades o al joven que, tras reflexión, rechaza la idea de dioses. En todos estos casos, se trata de la misma ausencia de creencia teísta, y nada más. Por tanto, exigirle al ateísmo que «aporte» contenido social o ético equivale a confundir una mera descripción (la no creencia en dioses) con una doctrina o una filosofía completa.
El ateísmo no es una ideología; es la ausencia de una creencia específica.
Lo curioso es que muchas veces el objetivo no es comprender, aprender o reflexionar, sino simplemente tener la razón.
Se debate sin escuchar, se opina sin conocer y se juzga sin entender. Mientras tanto, el conocimiento queda en segundo plano y la discusión se convierte en un fin en sí mismo.
Quizás el problema no es que la gente hable de política o de religión, sino que pocas veces está dispuesta a cuestionar sus propias certezas.
@AgainstAtheismX El solsticio de invierno. De hecho todo lo que hoy los cristianos asocian con navidad, ya existía desde antes de aparecer el cristianismo, incluyendo el desenfreno o el alcohol.
La curiosidad construye futuros.
La ciencia enseña a preguntar, explorar y comprender el mundo con evidencia, creatividad y pensamiento crítico. 🔬✨
Educar no debería basarse en el miedo ni en dogmas, sino en la libertad de pensar, cuestionar y descubrir.
En física, las leyes de conservación establecen que ni la materia ni la energía se crean ni se destruyen: solo se transforman. Por eso, no es necesario invocar un creador para explicar la existencia del universo.
Si, aun así, se postula un creador, se cae en una regresión infinita: ¿quién creó al creador? Si se responde que el creador es eterno y no tiene principio, entonces, como señaló Carl Sagan, ¿por qué no ahorrarnos ese paso intermedio y concluir que el propio universo (o la energía que lo constituye) también es eterno y no requiere un origen externo?
Es falaz e intelectualmente deshonesto intentar vincular a quienes repudian los falsos positivos (Homicidio en persona protegida) con supuestas simpatías hacia las FARC. Quienes rechazamos los falsos positivos también hemos rechazado, de manera consistente y sin ambigüedad, a las FARC. Nuestra posición durante los años de mayor confrontación no era ambivalente: deseábamos la derrota militar contundente y legítima de la guerrilla, no la fabricación de bajas mediante la ejecución de civiles inocentes que luego eran presentados como guerrilleros muertos en combate.
Repudiar los falsos positivos no significa defender a las FARC; significa rechazar que el Estado incurra en crímenes de lesa humanidad para simular resultados. Queríamos un triunfo real sobre la insurgencia, no una victoria falsa y moralmente corrupta obtenida a costa de inocentes. Lejos de ser una contradicción, este rechazo doble es coherente: despreciamos a las FARC precisamente porque su violencia brutal, sistemática y prolongada —secuestros masivos, atentados, desplazamientos forzados y terror contra la población civil— fue el factor histórico principal que generó las condiciones para el surgimiento y el auge del uribismo.
Sin la barbarie de las FARC, no se explica el respaldo mayoritario que en su momento recibió la política de seguridad democrática, y la debacle subsiguiente en materia de Derechos Humanos con la 'lucha contra el terrorismo' como bandera. En síntesis: quien condena los falsos positivos no está defendiendo a las FARC; está exigiendo que el Estado combata la ilegalidad sin convertirse él mismo en un criminal. Ambas cosas, en nuestro contexto social, —guerrilla y falsos positivos— son moral y políticamente inaceptables.
Aida Quilcué, la invitó a que hagamos un “mural artístico” sobre la infamia contra los 18.677 niños y niñas reclutados por las Farc. ¿Esos no le importan?
Los falsos positivos fueron horribles, nunca se pueden repetir y la justicia tiene que castigar a los culpables.
Pero también deben ser repudiados y castigados por todos los colombianos y por usted, los asesinatos, desapariciones, violaciones, abortos y muchos más delitos de lesa humanidad cometidos contra esos más de 18.000 menores, víctimas de los criminales y terroristas del grupo Farc.
Imposible borrar los llamados falsos positivos, imposible borrar los crímenes contra niños indefensos.
@aida_quilcue
Y lo peor de todo es que, en al menos doce países del mundo —según los informes más recientes de Humanists International—, los ateos nos vemos obligados a permanecer callados o enfrentar persecuciones sistemáticas, señalamientos públicos y acusaciones de blasfemia o apostasía que pueden derivar en largas condenas de prisión o incluso en la pena de muerte. En esos contextos, el mero hecho de expresar nuestra ausencia de fe puede costarnos la libertad o la vida.
En países democráticos también la mayoría de ateos guardan silencio o fingen ser creyentes porque la alusión al ateísmo es tan despreciable que conlleva a hostigamiento y persecusión especialmente en entornos laborales permeados fuertemente por la religión como en el caso de las fuerzas militares —donde hemos encontrado muchos casos de ateos víctimas de acoso u hostigamiento cuando intentan enfrentar imposición de creencias religiosas—.
Entonces, ¿debemos los ateos proclamar públicamente y contra nuestra propia convicción que sí creemos en Dios, o, en su defecto, condenarnos a un silencio absoluto e incondicional, mientras los creyentes disfrutan de la más absoluta libertad para predicar, difundir, defender y hasta imponer su fe en todos los ámbitos de la vida pública y privada, sin restricción alguna? ¿Acaso los ateos solo disponemos de dos opciones indignas: callarnos por completo o fingir una convicción que no tenemos, solo para no perturbar la delicada sensibilidad de los religiosos? Esto no es una simple petición de respeto; esto revela un doble rasero flagrante e inaceptable que pretende silenciar una postura legítima mientras se permite —e incluso se celebra— la proclamación constante de la creencia religiosa. ¿En serio?
La culpa no es de quien confió. La culpa es de quien decidió mentir, manipular y aprovecharse de otra persona. Normalizar el engaño solo protege al criminal. Cuestionar a la víctima solo la vuelve a herir. La responsabilidad siempre será de quien comete el daño.
En el caso de Yulizxa Toloza, muchas personas decidieron juzgar a la víctima antes que señalar al responsable. Pero ser engañado no convierte a alguien en culpable. La manipulación, las falsas promesas y el abuso de confianza tienen un responsable claro: quien decide cometer el engaño. Nadie merece ser humillado por confiar, amar o creer en otra persona. La vergüenza no debería recaer sobre la víctima, sino sobre quien utilizó el engaño para hacer daño. Porque el problema nunca fue caer. El problema es que existan personas dispuestas a aprovecharse de los demás.
Cuando la ficción lo hace, es entretenimiento.
Cuando la religión lo cuenta, es fe.
La diferencia no está en la historia… sino en quién la narra y quién la cree. 👀
@Otome_chan311 El ateísmo es la ausencia de creencia en dioses. Únicamente eso. Un adjetivo que describe a quienes carecemos de creencia en dioses así como la palabra 'calvo' describe a quienes carecemos de cabello en la cabeza.