No puede evitar un grito ahogado —el cual, por suerte, sí oculta tras su mano— al ver esta vez a Goren caer de espaldas sobre la liza. Los Hombres del Hierro no estaban hechos para estos pasatiempos verdes, y sin embargo Yllhuna se había visto durante un instante coronada Reina.
El lobo derriba al kraken, quien no consigue atinar a su rival y cae inceremoniosamente sobre la arena. Theo Harlaw corre rápidamente a su lado para ayudarle a levantarse y Goren, aún aturdido por el golpe, no tiene animo de apartarlo para ponerse en pie por si solo.
su mente la grácil sorpresa si su marido ganaba, la dignificada tristeza si perdía... Mas la princesa nunca había sido nada más que cortés con ella, así que añadió a su repertorio algo más que admiración por su familia.
—¿No participáis vos, esta vez?
—Sois demasiado amable, Alteza —inclinó la cabeza, antes de tomar las faldas entre sus manos y subir los peldaños de madera hasta el palco.
Con sus Majestades apenas a un par de asientos de ella, cada músculo de su rostro parecía gritar por ser notado. Ya comenzaba a planear en
La mueca preocupada que adornaba el rostro de Yllhuna desde que Goren subió a su montura se derrite el momento en que la espalda del Comandante choca contra el polvo.
—¡Bien! —aplaude, silba, vitorea levantándose del palco.
@GreyjoyG0ren que llevaría a las justas. Esto es, si se atrevía a alcanzarla.
La mujer se encogió de hombros:
—Mi marido o yo te cortaríamos el cuello antes de dejar que pagases el precio del hierro por mi favor.
@GreyjoyG0ren la larga trenza de su cuello para llevarla sobre su hombro— seguro que soy la esposa de roca de un valiente guerrero.
Una cinta dorada mantenía su trenza segura, cada mechón en su sitio. Yllhuna ahora invitaba a su marido a robarla, a portar un pedazo de ella adornando la lanza
sus hijos la siguieron con su respectiva dilación.
—¡Lady Hightower! —saludó, aproximándose a la escala real— Doy gracias a los Siete por que hayáis podido acompañarnos.
si ella no estaba en movimiento, el suelo bajo sus pies debía al menos estarlo. Era el río el que permitía la quieta mueca de la mujer, que abandonó su rostro cuando el escudero se inclinó sobre ella para avisar de la llegada de los Hightower.
Yllhuna se levantó, entonces, y