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───── Si te lo digo, ¡ya no será mi contacto de confianza!
Ha cabeceado hasta ver las monedas que caían sobre el palmar foráneo. Su boca se abre, formando una o.
───── ¡Ves, ves! Esos billetes son igual que mis cien yenes. 💢
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───── Ooooh.
Aún estaba dispuesta de puntillas para ver mejor la raíz del cuerno. Sus palabras le sonsacaron una leve y risueña carcajada.
───── ¡Gracias! Los tuyos también son muy bonitos; de hecho, creo que eres de las pocas personas que conozco que tiene
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—Son así naturalmente, aunque por aquí están más rugosos —indicó el nacimiento de los cuernos—. Creo que es porque son cuernos distintos. Los tuyos me gustan mucho.
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───── Oye, ¡no te rías, que hablo muy en serio!
Le señala con el índice de forma acusatoria, manteniendo un ceño muy fruncido.
───── Iba a comprarme un helado con esos 100 yenes, los dejé encima de la mesa y ahora ya no están; mi contacto de confianza me
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Lo agradece; eso de estar en puntillas le cansa los pies.
───── ¿Te echas crema o algo? Los míos están rígidos.
Señala sus propios cuernos con el índice.
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