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Se ha publicado un exploit de prueba de concepto (PoC) para una vulnerabilidad crítica del núcleo de Linux, identificada como CVE-2026-46316
“ITScape”, permite a un atacante realizar un escape de invitado a anfitrión en entornos KVM sobre sistemas arm64, lo que facilita la salida de una máquina virtual para ejecutar comandos arbitrarios en el host con privilegios totales a nivel de kernel
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En los congresos me suelen presentar como «ingeniero informático», pero en realidad me titulé en la ingeniería de telecomunicación. Esto siempre me pareció un meandro involuntario, una dilación que hube de aceptar para ejercer en la informática, pues no tuve otra opción. Y ahora, a la postre, creo que me ha venido genial.
Con 17 años, como a muchos, me tocó escoger carrera universitaria. Sacaba notas muy buenas sobre todo en humanidades, pero la ciencia me gustaba más.
Las cosas estaban difíciles en casa y necesitaba acabar los estudios rápido para entrar cuanto antes al mercado laboral. Me hubiera matriculado en Informática, pero en Santander no se impartía aún. Y no podía permitirme estudiar fuera, así que tuve que elegir otra cosa.
Con la confusión propia de la adolescencia y mi querencia por las letras, recuerdo que valoré fugazmente matricularme en algo del tipo «Filosofía y Letras». Lo comenté con mi hermano mayor, que me orientó con la delicadeza que le caracteriza:
—Si estudias esa puta mierda vas a morirte de hambre y yo no voy a venir a ayudarte. Matrículate en Teleco, entra a trabajar en Mundivía y déjate de hostias.
Mundivía era la «startup» de moda en la región. Aunque en esa época se llamaban «puntocoms» y todas las grandes compañías tenían la suya. Mundivía era el nuevo juguete de Endesa.
El consejo de mi hermano tenía sentido. Era 1999 y Yahoo! valía en bolsa el doble de American Airlines. Los emprendedores «puntocom» bajaban a Madrid y volvían con inversiones millonarias. Telecos e informáticos eran reclutados a golpe de talonario en las escuelas de ingenieros, antes incluso de titularse.
Éramos la generación del «boom» demográfico y había muchos más alumnos que plazas. Yo tenía nota para entrar en lo que quisiera, pero en Cantabria no había Informática. Tampoco Filosofía y Letras, afortunadamente. Opté por Teleco.
Había dos ingenierías: la superior, de cinco cursos, y la técnica, de tres. A mí me gustaba estudiar y quise hacer la de ciclo largo, pero la situación económica en casa no me dejaba opción: tenía que matricularme en la ingeniería técnica y encontrar un trabajo cuanto antes.
Fue matricularme y hundirse el Nasdaq. Las portadas de los periódicos destacaban el descalabro de las puntocom. Crisis. Ruina. «Crash». Las empresas despedían a sus técnicos y ya nadie quería telecos ni informáticos. Éramos unos apestados.
Para colmo, tras matricularme supe que la duración media real de la ingeniería técnica y la ingeniería superior de teleco era prácticamente la misma. Me había matriculado en la carrera con la nota de corte más alta y el plan de estudios más duro de toda la universidad. 🎉
Además, teleco no tenía casi nada de informática. Ciertamente nos daban asignaturas de programación —¡las que yo quería!—, pero apenas eran un 15 % de los créditos. El resto era matemáticas, álgebra, señales, sistemas de control… y bastante electrónica.
Me propuse salir de allí lo más rápido posible, y en cierto modo creo que lo conseguí. Pero con un título de «ingeniero técnico de telecomunicación en la especialidad de sistemas electrónicos», no de informático, que era lo que yo quería.
Mis cuatro años de universitario fueron un intenso pendular entre dos polos radicales: dañarme el cerebro estudiando abstracciones jeroglíficas y dañarme el cerebro entregándome a la dipsomanía como desagravio. Entre medias, exámenes.
Fueron años de ansiedad por obtener los aprobados necesarios para ganar las becas de las que dependía para seguir estudiando, y de trabajos de estudiante en bicicleta cuando el primer Gobierno de Aznar decidió cercenarlas.
Pero terminé la carrera y con mi flamante título universitario me dirigí —¡por fin!— al mercado laboral. Estaba listo para entrar en alguna glamurosa empresa tecnológica y comenzar a cobrar una nómina de ingeniero que me permitiría emanciparme del modesto piso familiar.
Deparé en «Fraile y Blanco», un chiringuito local venido a más y apuntalado por un flanco con contratos públicos de dudosa legalidad y por otro del imperecedero mamoneo patrio entre política y negocios.
Pasé un par de entrevistas, me seleccionaron y me ofrecieron un salario de 600 €. Así que di media vuelta y me volví a casa frustrado. Mis amigos estaban igual, así que se estaban yendo a Madrid, a Bilbao y a otras plazas donde los salarios para un teleco recién egresado eran bajos, pero no insultantes.
Yo daba en casa parte de mis pírricos ingresos de estudiante y no podía irme de Cantabria, así que me tocó aguantarme y hacer lo que primero había descartado: ponerme por mi cuenta y fundar mi propia empresa.
Han pasado 20 años y ahora, mirando en escorzo, veo que toda esta peripecia me ha curtido. Por una parte, considero que tengo dos ingenierías: una de la que me titulé, pero que no ejerzo (teleco), y otra que he ejercido dos décadas pero de la que no me titulé (informática).
Esta carambola del destino me ha dado una curiosa panorámica profesional que ahora disfruto: saber de diseño microelectrónico, modulaciones en frecuencia o fotónica, que son conocimientos infrecuentes en un informático. Y de interacción persona-ordenador, bases de datos o lenguajes de marcado, que son áreas poco transitadas por un teleco.
Lo que no imagino es dónde andaría de haberme matriculado en Filosofía y Letras.
Ninguna IA vence al ajedrez
Los grandes modelos de lenguaje natural como ChatGPT, Claude y Gemini no saben jugar al ajedrez debido a sus limitaciones actuales
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WhatsApp ha negado que la encriptación de extremo a extremo (E2EE) haya desaparecido de su aplicación de mensajería después de que Instagram retirara el cifrado a los mensajes.
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Gmail reduce espacio de 15 a 5 GB en cuentas nuevas
Google reduce la capacidad de Gmail de 15 a 5 GB para cuentas vinculadas al mismo número de móvil
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Steve Jobs nunca terminó la carrera y fue un visionario tecnológico me cambió el mundo.
Amancio Ortega ni siquiera empezó los estudios y ahora le estudian en todo el mundo.
Marc es economista, trabajó en fondos de inversión en Paris y tiene una empresa dedicada a implementar nuevas tecnologías en empresas.
En España hemos tenido hasta hace un mes una administrativa de un hospital dirigiendo la economía de todo un país y el Aragón tuvimos a un monitor de esquí como presidente de la comunidad durante 12 años.
Si quieres te doy más ejemplos.
‼️Multiple users are reporting suspicious Microsoft passwordless sign-in emails containing legitimate verification codes.
Threat actors are allegedly using leaked databases for large-scale account enumeration to identify email addresses linked to Microsoft accounts, potentially for later credential-stuffing attacks.
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