A las que: son, fueron, pronto serán, se sienten, lo demuestran, mis reconocimiento y admiración y a todos… saludos a las suyas!
Este 10 de mayo ¡SINGER a sus madres!
I’m supposed to be the soldier who never blows his composure
Even though I hold the weight of the whole world on my shoulders
I ain’t never supposed to show it, my crew ain’t supposed to know it
“Like toy soldiers”
-Eminem-
Cuídese de la envidia, mijo
Mirándome a los ojos, mi vieja, descanse en paz ya, una vez me dijo
Y qué razón tenía al advertirme de esta vida puerca
No críes cuervos o arrancarán tus ojos de sus cuencas
“Jeremías 17-5”
-Cancerbero-
Mi columna de hoy en @reformacancha sobre la propuesta de que las corridas de toros se vuelvan incruentas.
Sinsentido
La aberrante politización del tema taurino ha alcanzado su punto más álgido con la iniciativa de Clara Brugada para que las corridas de toros se vuelvan incruentas en la Ciudad de México. Justo un día después de que la Presidenta Claudia Sheinbaum calificara a la tauromaquia como una actividad cultural, la Jefa de Gobierno propuso modificar el formato de la lidia.
Eufemismos aparte, el proyecto equivale tácitamente a la prohibición de una manifestación lícita y llena de tradición, arte, belleza, valores, fuentes de empleo, derrama económica y sentido ecológico.
Suprimir banderillas, puyas y espadas, así como proteger los cuernos del toro y evitar su muerte, significaría arrancarle su esencia al toreo. La minimización del peligro le restaría razón de ser. La tauromaquia se convertiría en una pantomima desprovista de ritualidad, riesgo, emoción y drama.
La fuerza del toro es atemperada durante la suerte de varas. Si el toro no fuese picado, en muchas ocasiones llegaría entero al último tercio, sin poder ser toreado con la muleta, transformándose drásticamente la manera de ejecutarse los trasteos.
La prohibición encierra una enorme contradicción porque a la larga puede acarrear el exterminio de una especie supuestamente defendida por los antitaurinos que, salvo honrosas excepciones, se caracterizan por ser insultantes, violentos e intolerantes frente a quienes no piensan como ellos. En el colmo de lo paradójico, muchos enemigos del toreo se oponen a la muerte del toro pero son carnívoros y pugnan por el aborto.
La corrida no consiste en maltratar a un animal destinado exclusivamente a ser lidiado ni los aficionados somos unos sádicos que vamos al coso a ver correr la sangre, sino a disfrutar de una obra de arte ejecutada en pocos minutos frente a una fiera criada ex profeso para la lidia, que en cualquier momento puede herir o matar.
Los ganaderos son los verdaderos animalistas de esta historia. Se encargan de criar, alimentar y brindar extraordinarias condiciones de vida a sus camadas. Las dehesas son vastos ecosistemas donde se preservan otras especies. Por cada toro que muere en la plaza, otros siete se mantienen vivos en las ganaderías.
El festejo no es un espectáculo cruel puesto que el torero no disfruta con el supuesto sufrimiento del animal. Y digo supuesto porque está científicamente comprobado que el toro genera betaendorfinas que inhiben el dolor.
De ser aprobada, lo único que esta medida conseguiría es intercambiar la muerte digna del toro en la plaza por su sacrificio indigno, ventajoso y cruel en la penumbra del rastro.
Sería un rasgo antidemocrático, una imposición del gobierno actual desde la demagogia y la desinformación.
Hoy cumplo 40 años como cronista taurino. El 3 de febrero de 1985 hice mi debut durante la transmisión de radio de la corrida celebrada en la Plaza México, narrando únicamente el tercio de banderillas, a través de la XEW. El cartel lo formaban Curro Rivera, El Niño de la Capea y Luis Fernando Sánchez con toros de Reyes Huerta. Como el inspector de callejón Samuel Rosete no me permitía transmitir desde el callejón, el ingeniero Alejandro Bolio me pasaba el micrófono a la escalera de las barreras de sombra. Me preocupaba incomodar a los aficionados que presenciaban el festejo desde esas localidades. Mis intervenciones estuvieron marcadas por el entusiasmo desbordante, una enorme ilusión y numerosos titubeos. Esta es la grabación de ese día.