Y duele aceptar eso porque uno quisiera tener garantías:
“cuando me sienta listo”
“cuando tenga menos miedo”
“cuando esté más seguro”
“cuando todo tenga sentido”
Pero hay puertas que solo se abren mientras te estás atreviendo, no antes.
Porque la vida rara vez espera a que uno esté completamente preparado.
Trabajo, relaciones, proyectos, versionas nuevas de nosotros mismos.
A veces actuar no significa sentirte capaz; significa entender que quedarte inmóvil también es una decisión… y muchas veces la más costosa.