@earcos Mi opinion tecnológica. Hasta q un servicio no es 100% disponible no se compra pk ni el que lo diseña sabe realmente los requerimientos que tendrá hasta q no esté operativo.
@enseguida003@LaEtxebarria el zasca se ha oido hasta en el cielo!!! Extraño que @LaEtxebarria no se entere de nada...antes la gente que era "conocida" pensaba que eran medio inteligentes desde hace tiempo que uno sabe que la mitad son un fraude con escasos conocimientos...en fin
@ReinaldoDMM Ha estado genial!! Enhorabuena por la historia bien documentada y ambientada, me has tenido buscando el capítulo cada día hasta que aparecía...
K-560. Capítulo 23 y EPÍLOGO.
9:03 hora ZULU. Batería del RAAA 94. La Isleta. Las Palmas de Gran Canaria.
El operador del radar AN/MPQ-64 Sentinel escuchó un pitido de alarma agudo al mismo tiempo que en su pantalla aparecían dos trazas parpadeantes volando a gran velocidad hacia su sector de tiro. Al rodear el norte de la isla, los dos Kalibr habían tenido que elevarse ligeramente sobre los acantilados de la costa, perdiendo la protección del mar y quedando al descubierto ante el ojo electrónico del Ejército de Tierra.
—¡Contactos, contactos! —gritó el operador por el intercomunicador de la unidad—. Dos trazas hostiles en demora tres-uno-cinco. Perfil bajo. Velocidad cuatrocientos ochenta nudos. ¡Vienen rozando el agua por el norte!
A unos metros de allí, en el Centro de Dirección de Tiro del sistema NASAMS II, el jefe de batería no dudó un instante. La orden de fuego transmitida desde PAPAYO ya parpadeaba en su terminal de control.
—¡Batería NASAMS, autorizados! ¡Enganchen el blanco uno! —ordenó con la voz rota por la tensión—. ¡Fuego!
El operador presionó el botón de lanzamiento. En el exterior, oculto entre los búnkeres y la vegetación de La Isleta, uno de los contenedores del lanzador cuádruple mostró un resplandor. El motor de combustible sólido del misil AIM-120 AMRAAM rompió la calma de la mañana con un rugido atronador. El se elevó en un ángulo cerrado, dejando detrás de sí una densa estela de humo gris, antes de picar de forma violenta hacia el mar en busca de su presa.
Fueron doce segundos de infarto. En la pantalla del radar, la línea del AMRAAM y la del primer Kalibr ruso convergieron a apenas tres millas de la costa. El impacto provocó una bola de fuego sobre el Atlántico que iluminó los ventanales de de las casas del barrio de Las Coloradas.
—¡Blanco uno destruido! ¡Impacto positivo! —gritó el operador, celebrándolo con un puñetazo en la mesa.
—¡Mantengan la calma! ¿Dónde está el segundo? —cortó el jefe de batería.
La pantalla parpadeó. El segundo Kalibr, alertado por las emisiones de radar o simplemente siguiendo su programación de evasión terminal, ejecutó un viraje brusco hacia el este, pegándose aún más al contorno de los muelles del Puerto de la Luz. Estaba demasiado bajo, demasiado cerca. El NASAMS ya no tenía una solución de tiro ideal.
—¡Perdemos el blocaje! —gritó el operador, con los ojos desorbitados—. ¡Entra en el puerto en menos de treinta segundos! ¡Va directo al Arsenal!
—¡Pasen el control a la dirección de tiro Skydor! —ordenó el jefe de batería por la emisora.
En el helipuerto del muelle Nelson Mandela, la pieza número uno de los cañones bitubo Oerlikon 35/90 comenzó a girar sobre su torreta de forma hidráulica y frenética, guiada por el radar optrónico de la dirección de tiro. Los cañones apuntaron directamente hacia el mar, donde la silueta gris del misil ruso ya era visible a simple vista.
El sargento al mando de la pieza no esperó.
—¡Fuego!
Los dos cañones de 35 mm rompieron el silencio. El aire se llenó del olor acre de la pólvora quemada mientras el sistema disparaba proyectiles de fragmentación AHEAD a un ritmo frenético.
Una cortina de acero y metralla se desplegó en mitad del aire, justo en la trayectoria del misil. El Kalibr penetró de lleno en la nube de fragmentación a escasos quinientos metros del primer dique. El misil de crucero se inclinó violentamente, perdió sustentación y su cabeza de guerra estalló al colisionar contra la superficie del agua, levantando una columna de espuma, fuego y restos de metal frente a los diques del puerto.
El eco de la detonación se escuchó por toda la ciudad de Las Palmas, seguido de un silencio sepulcral.
En la cabina de control de La Isleta, el operador del radar miró su pantalla, estaba completamente limpia. Se quitó los auriculares y se dejó caer sobre el respaldo, empapado en sudor.
EPÍLOGO
Sala de crisis del Estado Mayor de la Armada de la Federación de Rusia. Moscú.
El almirante Nikolái Stepánovich Gorshkov estaba de pie frente a la gran pantalla principal de la sala de crisis. La habitación olía a café recalentado y a tensión acumulada durante horas de incertidumbre.
—Confirmado, camarada almirante —dijo el coronel de comunicaciones con voz neutra—. Hemos perdido el contacto con el K-560 Severodvinsk. Probablemente… destruido. No hay noticias de supervivientes.
Un silencio pesado y asfixiante cayó sobre la sala. Gorshkov no apartó la mirada de la pantalla, que mostraba parpadeando la última posición conocida del submarino en mitad del Atlántico.
—¿Andrei? ¿Y el Tupolev? —preguntó sin emoción.
—Derribado por los cazas españoles. De momento sus equipos de rescate solo han encontrado a un superviviente.
El almirante cerró los ojos un segundo, asimilando el golpe. Dos de sus plataformas más valiosas se habían perdido en un solo día, arrastrando consigo a decenas de hombres al fondo del océano. Cuando volvió a abrir los ojos, su mirada denotaba una frialdad calculada.
—¿Los Kalibr?
—Solo cinco consiguieron salir de los tubos antes del colapso del K-560. Todos fueron interceptados y derribados por las defensas del archipiélago. Ninguno alcanzó sus objetivos en tierra.
Gorshkov permaneció en absoluto silencio durante casi un minuto. El siseo de las computadoras del búnker parecía amplificarse en la sala. Uno de los generales presentes en la mesa, rompiendo el protocolo, se atrevió a dar un paso al frente.
—¿Ordena activar la segunda oleada, almirante?
Gorshkov negó lentamente con la cabeza, manteniendo las manos entrelazadas a la espalda.
—No. Hoy no. Esto no ha terminado… solo ha cambiado de forma.
Dio media vuelta y salió de la sala sin mirar atrás. En el pasillo exterior, solo el eco solitario de sus botas acompañaba el peso invisible del desastre.
FIN
Espero que esta historia, construida sobre la marcha, haya sido de su agrado.
K-560. Capítulo 20
7:05 hora ZULU. En algún lugar sobre el Océano Atlántico, 1130 millas al suroeste de la isla de Gran Canaria.
Una bola de fuego surcó el cielo y llamó la atención de los supervivientes del submarino de la Marina de Brasil. Algunos hombres se incorporaron en las pequeñas embarcaciones de goma para tratar de ver qué estaba sucediendo.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó uno de los náufragos.
—¡Es un avión! —exclamó otro.
Apenas un minuto antes, los náufragos habían sido testigos de otro espectáculo aún más inquietante: varios misiles de crucero habían emergido del mar, seguidos poco después por una explosión descomunal.
Allí nadie entendía nada.
Alguien les había atacado, pero seguían sin saber quién ni por qué.
Primero los misiles. Después la explosión.
Ahora aquel avión envuelto en llamas.
Y lo peor era que nada indicaba que aquello hubiese terminado.
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7:07 hora ZULU. En algún lugar sobre el Océano Atlántico, 1130 millas al suroeste de la isla de Gran Canaria. Sección 4. Sala de Mando y Control del submarino S81.
—Mástil ECM y de comunicaciones arriba —ordenó Santiago.
—Subiendo mástiles —informó Morales.
Santiago mantuvo la mirada fija en las pantallas durante unos segundos para asegurarse de que las amenazas habían desaparecido por completo. La gráfica del sónar era plana. Los sensores del sistema ECM permanecían mudos.
En ese preciso instante, una alarma avisó de la llegada de un mensaje cifrado, que finalmente apareció en una de las pantallas de la consola de comunicaciones.
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#FLOSUB#ORD26-346#S81#Neutralizado un Tu-142 en su área de patrulla#informen de su posición y estado#Fdo: M.R.-COMSUBMAR#
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—Ya no hay peligro —dijo el comandante con voz serena—. Ese Tupolev ya no volverá a molestar a nadie.
—¿Informo sobre el Yasen? —preguntó Andrés.
—Sí. Rápido. Y también nos vamos a la superficie a buscar supervivientes —respondió Santiago satisfecho.
Poco tiempo después, la vela del S81 rompió la superficie del mar. El submarino dejó tras de sí una estela blanca que se dispersó lentamente sobre el océano en calma.
Las compuertas superiores se abrieron de par en par y un miembro de la dotación abrió la escotilla exterior. El aire del Atlántico entró en la sala de mando con una frescura que ninguno de ellos había notado antes, mientras una bandada de gaviotas parecía darles la bienvenida con escandalosos graznidos que reverberaban dentro de la estructura del submarino.
Santiago y varios miembros de la dotación escalaron rápidamente por la escalerilla que conducía a la parte superior de la vela.
A doscientos metros de distancia, sobre el mar en calma, se distinguían las pequeñas balsas con los supervivientes del NS-10.
El S81 permaneció inmóvil, como una plataforma flotante, mientras los miembros de la dotación del Isaac Peral se preparaban para rescatar a los náufragos.
—Esos hombres han sobrevivido a lo que parecía imposible —murmuró Santiago.
Luego levantó los prismáticos y recorrió lentamente el horizonte.
—Inicien las maniobras de rescate.
Por un instante, el comandante del S81 creyó que todo había terminado.
Continuará...
K-560. Capítulo 19
7:02 hora ZULU. En algún lugar sobre el Océano Atlántico, 1025 millas al suroeste de la isla de Gran Canaria. Eurofighter "Halcón 01" y "Halcón 02" del Ejército del Aire y del Espacio.
—Bien, el cielo está despejado —murmuró el comandante Valcárcel tras leer el mensaje enviado por PAPAYO a través del Link 16.
Después pensó: «Si aparece algo en el radar, solo puede ser ese escurridizo Bear».
Muy cerca de Valcárcel, prácticamente soldado al ala derecha, se encontraba el Eurofighter del capitán Arteaga. Los dos pilotos del 462 Escuadrón se encontraban a más de mil millas al sur de la isla de Gran Canaria. Por detrás de los cazas, a bastante distancia, volaba un solitario A400M del Ala 31 del Ejército del Aire. El Dumbo estaba realizando circuitos de espera; en algún momento, tendrían que volver a reunirse con los sedientos Eurofighter.
Las Reglas de Enfrentamiento (ROE) eran claras: los Eurofighter tenían que localizar y derribar al Tu-142 BEAR-F, ya identificado previamente por la tripulación del C295 (Cap. 9).
Un pitido y una luz en el cockpit llamaron la atención de Valcárcel, que en ese momento se encontraba escudriñando el cielo. En la pantalla del radar y también en el HUD, una marca luminosa comenzó a brillar con intensidad.
—¡Ya te tengo! —exclamó el piloto mientras esbozaba una sonrisa.
Acto seguido, Valcárcel hizo una señal al capitán Arteaga con la mano derecha y, con la izquierda, empujó la palanca de gases hasta el fondo.
Había transcurrido solo un minuto y los dos Eurofighter ya habían trepado hasta los 45 000 pies y volaban a régimen supersónico. Valcárcel echó un rápido vistazo al indicador de combustible y finalmente se concentró en la pantalla del radar. La distancia hasta el objetivo había caído a los 120 kilómetros; el contacto estaba situado entre las marcas Rmax2 y Rmin2, en plena NEZ, y el caza ya tenía suficiente velocidad para imprimir un impulso adicional a los misiles.
—¡Allá vamos! —exclamó.
Valcárcel seleccionó uno de los cuatro misiles MBDA Meteor que se encontraban semiencastrados en la panza del Eurofighter y, sin pensarlo dos veces, apretó el disparador.
«¡Halcón 01, Fox Three!».
Arteaga pudo ver perfectamente cómo el Meteor se separaba del Eurofighter y cómo el motor cohete se ponía en marcha bruscamente tras un segundo de caída libre. Valcárcel también comprobó visualmente cómo el misil aceleraba y ganaba altitud rápidamente. Todo estaba sucediendo a una velocidad descomunal.
Cuarenta y dos segundos después del lanzamiento, el Meteor alcanzó su máximo apogeo y, treinta y cinco segundos más tarde, el empuje del estatorreactor se agotó, volviendo al misil invisible para el ojo humano, aunque no para el piloto español. En el HUD, la simbología del misil seguía avanzando implacable hacia el objetivo.
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7:05:17 hora ZULU. Avión de guerra antisubmarina Tu-142M3 “Bear-F” de la Armada de Rusia.
—¿Qué es esa estela de allí? —preguntó Boris.
Justo delante de ellos, a muchos kilómetros de distancia y a un nivel de vuelo muy superior al suyo, se podía observar una estela de humo que contrastaba con el cielo azul. Aquel objeto se movía a gran velocidad y convergía rápidamente hacia ellos.
Sergei estuvo observando la estela hasta que la perdió de vista. El Tupolev estaba terminando de completar un giro cuando ambos pilotos se encontraron de frente con las secuelas de la gran explosión que acababa de producirse bajo la superficie del mar.
El Severodvinskhabía dejado de existir.
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7:05:30 hora ZULU. En algún lugar sobre el Océano Atlántico, 1025 millas al suroeste de la isla de Gran Canaria.
Setenta y cinco segundos después del lanzamiento, el Meteor activó su radar de guía activa, y cómo la simbología del objetivo y la del misil parpadeaban en el HUD, fundiéndose en un mismo punto. Dos segundos después... todo terminó.
Continuará…
@jupol_alicante Si no hubieses participado del corporativismo mas mezquino...a lo mejor no estaria la policia en la conversación y si la huelga y sus motivos. El corporativismo mal entendido es lo peor que puede pasar a cualquier gremio
@FlavioElvespa la dictadura que provoco una guerra civil llevando a España a la edad de piedra matando y obligando a emigrar a la mitad de los españoles y los que se quedaron pasaron hambre y penurias para los señoritos y que tras la WWII fue la peor de las economias en recuperarse? esa?
Hoy tengo que pagar más de 6.000 € de impuestos por el dinero que la gente buena me ha donado en @gofundme para poder pagar tratamientos y gastos que la Seguridad Social no cubre.
Tengo incapacidad absoluta del 33 % reconocida. El dinero que recibo es para poder vivir y tratar una enfermedad. No es un lujo, es una necesidad.
La Ley 29/1987 permite una reducción por discapacidad en herencias, pero en donaciones inter vivos (que es mi caso) la Administración la está denegando en Murcia. Mientras tanto, otras comunidades sí la aplican o tienen bonificaciones mucho más generosas.
@Hacienda_Gob, @RegionDeMurcia ¿Es justo que una persona con discapacidad tenga que pagar impuestos por donaciones destinadas a su salud? ¿Es de recibo que el Estado y algunas comunidades discriminen según donde vivas?
Esto no es solo mi caso. Es el de miles de personas enfermas que tienen que recurrir a la solidaridad de la gente porque el sistema no llega.
No es justo que paguemos impuestos por intentar sobrevivir.
Si estás pasando por algo similar, comenta.
Si crees que esto es injusto, comparte.
Le digo en su cara al subdirector de El Mundo que hoy sus trabajadores hacen una protesta, no firman ninguna de las informaciones que se publican, porque llevan 15 años con el salario congelado.
Y acto seguido pasa esto….que no sé cómo calificar…¡TREMENDO!👇🏻👇🏻👇🏻👇🏻
@ufpol Haber defendido lo indefendible por parte de los sindicatos y el ataque directo a quien pedia responsabilidades tampoco ayuda y algunos compañeros (otros no) son los que han creado este efecto "Streisand", el corporativismo mal entendido tiene estas consecuencias.