¡Eso lo sabía! A veces era algo dura de pelar.
En cuanto sintió hábiles ajenas sobre sus mejillas esbozó una sonrisa, mirándole con unos ojitos dignos de un Fidough. Como si no hubiese partido un plato en su vida.
Una vez le soltó se cruzó de brazos, asintiendo varias veces. >
No abiertamente, pero lo admite.
La observó con acostumbrada calma e indujo a sus pulgares envueltos en la tela negra de sus mitones a trazar con lentitud y a conciencia círculos en sus mejillas, al tiempo que captaba el aleteo de esas mariposas que orlaban tan brillantes +
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────ㅤYa sabía yo que ibas a tener tiempo para mí.
Mentira, no estaba segura pero de tanto insistir en algún momento tenía que ocurrir, era pura estadística —según su lógica—.
────ᅠMm.. podemos ir a Ciudad Leudal de compras, o a la Gruta Caleta para relajarnos >
Si en el fondo le encanta estar con ella pero no lo admite.
Allí le veía venir, con una sonrisa de oreja a oreja mientras sus pestañas revoloteaban de arriba a abajo como si fuera a desprender brillos. En efecto, lo hacía cuando agarró sus mejillas.
────ᅠ Que dejes los >
... Cómo no. 💧
No apremia el paso. Se acerca con tranqulidad ──aparente── para, por lo menos, atender uno de esos puntos que ansía cumplidos. Sonríe. Manos enguantadas encajan perfectamente en las mejillas ajenas.
"¿Algo que pueda hacer por la reina de la belleza?"