- "تذكر في نوبات غضبك أن الغضب ليس من الرجولة في شيء، وأن الرحمة واللين أكثر إنسانية وبالتالي أكثر رجولة. فالرحماء هم ذوو القوة والبأس والشجاعة وليس القساة ولا الساخطون. فكلما تحكمت في انفعالاتك كنت أقرب إلى القوة. فالغضب دليل ضَعف شأنه شأن الجزَع. فالغاضِب والجزِع كلاهما أُصيب وكلاهما اِستسلمَ."
ماركوس
Existen noches tan oscuras que sólo las ilumina el fuego que nos consume. A veces estamos tan ciegos que no vemos, sólo nos guía nuestra pasión. Y ahí estábamos tú y yo, dos almas errantes que habían conectado sin ninguna explicación.
Ahí estaban nuestras ganas de volvernos uno, de transitar por los caminos de la piel, de morderse las corazas y descubrir toda la vida que nos habíamos guardado.
No importa qué inició el incendio, si fue una mirada, un susurro, un roce o un simple gesto; la chispa se fue extendiendo desde la boca por todo el cuerpo. Tus labios se fundieron con los míos, nuestras lenguas batallaron y se contaron todo lo que habían callado, hablaron de silencios que no sabíamos ni que existían. Tu respiración se fue haciendo mía, pude olerte, probar el sabor de tu saliva y el fuego que escondía tu boca. Mi lengua bailó con la tuya mientras la ropa se desprendía y tus manos abrían camino por mis piernas, buscando apresar mi centro. Cómo adoré tus manos exploradoras esa noche y lo que eran capaces de provocar en mi interior, cómo adoré tu boca cuando se perdió en mis pechos estremecidos bajo tu lengua. Cómo adoré tu piel en fricción por toda mi piel. Y tu miembro rozando mi interior, llamando a las puertas de mi infierno, sólo rozando, acariciando mi sexo, apretado entre mis labios, manando tímidamente miel, me fue volviendo salvaje.
Despertó mi locura y mordí toda tu piel, me aferré a tu espalda, elevaste mi pierna, te clavaste en mi centro y hasta el fondo me llenaste. Fui gemido aquella noche, fui grito ahogado por tu boca, fui palabras impronunciables, aunque todas llevaran tu nombre.
Tu ritmo era constante en mis entreñas divididas, cálidas y humedecidas por tus embates; empujabas, me llenabas, salías y entrabas golpeando las paredes de mi sexo que pugnaba por apresarte y beberte entre las paredes de mi carne sedienta. A la vez que te sentía, tu dedo se introdujo en mi trasero y perdí la noción de todo por unos instantes. Ya no tenía mente, era sólo un suspiro de placer sudoroso entre tus manos; me había vuelto líquido bajo tus dedos. Tu piel ardía en roncos gemidos, en palabras de aliento para que me rompiera, en todo el deseo que yacer conmigo te provocaba. Y entre golpe y golpe de tus caderas entre mis piernas, me fuiste guiando al orgasmo; mis paredes te apresaron por fin y convulsionó mi cuerpo, a la vez que irrumpías con fuerza en mí, totalmente estremecido, derramándote en mi interior. Me llenaste con tu esencia, te empapé con mis mares, de los que tanto te había contado.
Y esa noche dejamos de ser dos para volvernos uno.