"Fui victima de la mayor mentira creada en este país. Podria haber salido de Brasil. Fui a la cárcel para probar que Moro y Dallagnol eran mentirosos. La prensa brasileña compró y vendió una mentira. Nunca lo reconoció. No me olvido del Powerpoint contra mí"
Lula en Globo, ayer
El coste laboral por hora en España es de 26€, muy por debajo de Dinamarca (49,8), Bélgica (47,1), Países Bajos (46,7), Francia (41,1), Alemania (40,6), Austria (39,0), Suecia (38,3), Finlandia (37,0) o Italia (31,6).
El problema no son los impuestos, sino los salarios basura.
Tremenda manipulación. La realidad es que el gobierno de Milei es el que más empleo privado formal ha destruido en la historia argentina.
En su gráfico está incluyendo los empleos informales de aquellos que fueron despedidos y que se buscan la vida como pueden. Y ojo que si necesitan dos o tres empleos para sobrevivir, eso sobredimensiona la cifra que utiliza.
He tenido el placer de volver a entrevistar al economista que más odian los multimillonarios, el gran @gabriel_zucman.
Aquí os la dejo, espero que os guste. https://t.co/XHfZLArX3y
Verónica Estay, preside un colectivo en Chile de descendientes de torturadores: “Temía empatizar con mi tío, condenado por crímenes atroces” https://t.co/MPxujloFBB
🗓️ Hoy, en París, Jardín de La Nueve.
😍 ¡Qué bonita luce la bandera republicana!
¡La Tricolor! La bandera de la República Española, símbolo de la legalidad democrática y de quienes lucharon por la libertad. ❤️💛💜
Fuente: Grupo de la Nueve, 2ª División Azul Leclerc | En Facebook #FelizLunes #24DeAgosto #MemoriaHistórica
Es precisamente un mínimo histórico.
Los datos hay que darlos en valores relativos porque el total de la población también aumenta, y más rápido.
Estamos cerca del récord histórico en proporción de gente trabajando.
Gráfico de @CalcetinLetal
Retrasar la edad de jubilación aumenta el riesgo de morir, además de robarnos los años de mejor salud en la última etapa de nuestra vida. Pocas cosas hay más inmorales que ésa.
"De pequeños jugábamos a los vaqueros y a los indios, donde los indios siempre eran los malos a los que se tenía que matar.. luego creces y te das cuenta de que EEUU hizo propaganda con la que nos comieron el cerebro, construyeron su pais sobre un genocidio".
Éric Cantona, mítico jugador de fútbol, sobre la propaganda con la que EEUU manipuló a generaciones enteras.
No mantras. No manifestation. No morning routines. No inner child. No higher self.
Only a rational examination of what the mind is doing, and how it constructs the reality you take for granted.
Practical Enlightenment. A Substack for readers who've had enough of the rest.
La guerra cultural es una guerra de clases:
“La izquierda es el único bando que tiene un interés material en derrotar al wokismo, por eso tratar la oposición a él como una distracción de la política de clase invierte exactamente la relación. Cualquiera que crea de verdad en los objetivos declarados de la izquierda -ya sea la justicia económica, la reducción de la pobreza, una mejor sanidad o una política climática eficaz- debería ser el más firmemente anti-woke, precisamente porque la tendencia woke ha empujado de forma demostrable esos objetivos hacia atrás. La izquierda woke no se limitó a fracasar en el avance de los intereses de la clase trabajadora. Alienó activamente a las bases de la clase trabajadora sin cuyo apoyo ninguna política anti-establishment puede triunfar.”
Este artículo es una crítica del wokismo desde la izquierda y con una fuerte influencia de We Have Never Been Woke de Musa al-Gharbi. Lo que el autor nos cuenta es que la narrativa habitual de que “la guerra cultural es solo una distracción inventada por la derecha” resulta incompleta y engañosa. Según él, esa guerra no la fabricó la derecha: la generó la propia izquierda cultural a través de su revolución identitaria y de lenguaje. La derecha simplemente reaccionó. Por tanto, la guerra cultural no es algo ajeno a la lucha de clases: es una forma de conflicto de clase en el que los capitalistas simbólicos (la clase profesional-gerencial o PMC) usan a las minorías como escudo para avanzar sus propios intereses de estatus e institucionales.
El punto central del ensayo es que existen dos izquierdas incompatibles bajo el mismo nombre. Una es la izquierda de clase (class-first), centrada en lo material y universal: salarios, sanidad, bienes públicos, desigualdad económica y los problemas concretos de la mayoría trabajadora. La otra es la izquierda cultural o woke, impulsada sobre todo por profesionales de la cultura, la academia, los medios y las ONG. Esta segunda prioriza la revolución de la conciencia, el reconocimiento identitario y las cuestiones minoritarias de raza y género. Mientras la primera intenta encontrarse con la gente donde está, la segunda tiende a verse como una élite ilustrada que debe corregir a las masas “atrasadas”.
El autor sostiene que el mayor activo del wokismo no es su popularidad (que es minoritaria), sino la tolerancia que recibe de quienes dentro de la izquierda ya lo ven con escepticismo pero prefieren no confrontarlo por comodidad social o cálculo estratégico. Esa pasividad es lo que lo mantiene vivo y lo que ha alienado a amplios sectores de la clase trabajadora, dificultando cualquier proyecto serio de cambio económico. Para quien de verdad quiera avanzar en objetivos de izquierda (menos pobreza, mejor sanidad, justicia material), lo coherente no es ignorar el wokismo, sino rechazarlo con claridad.
Como ejemplo de esta tensión, el autor menciona las campañas de Bernie Sanders: la de 2016, más centrada en el lenguaje de clase, logró conectar con votantes trabajadores más allá de las burbujas progresistas; la de 2020, al acomodarse más a las prioridades identitarias, perdió fuerza precisamente en esos sectores. El contraste ilustra cómo las dos izquierdas no solo piensan distinto, sino que empujan en direcciones opuestas.
En definitiva, el ensayo defiende que una izquierda que quiera ser efectiva debe dejar de tratar el wokismo como una molestia menor o una nota a pie de página y reconocerlo como un obstáculo interno de clase que hay que afrontar abiertamente.
https://t.co/y0yTlFxp3y
El Gobierno francés ha encontrado pruebas sólidas de interferencia electoral en Francia, África e incluso en las elecciones de Escocia
No por Rusia-
Sino por una empresa con sede en Israel llamada "Blackcore"
Aquí está la historia que se repitió en America Latina, Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Colombia… ¿sigue Brasil y México?
@Claudiashein@A_MontielR@LulaOficial
Fracaso estrepitoso es haber destruido más empresas, empleo y salarios que ningún otro gobierno argentino con el único objetivo de reducir la inflación, y a pesar de ello tener la mayor inflación del mundo exceptuando 3 países (2 de ellos en guerra y 1 agredido por EEUU).
Pero para @juanrallo es un milagro económico