2. Lo que me impactó fue esto:
no se fue porque le pidieran demasiado.
Se fue porque las peticiones NUNCA cesaban.
No había meta.
No había un momento en el que se dijera: «Ya es suficiente. Tú eres suficiente».
Le pregunté a un hombre que se había casado tres veces qué tenían en común todas las mujeres que había dejado.
Su respuesta me dejó en silencio durante una hora: