—Bufó con ardiente deseo, agarrando el cabello de la pelimorada y tirando muy, muy suavemente, guiándole a un beso de esos que ella no solía proferir, sacando la lengua al separarse—. Hah... Yo ya estoy preparada, mi ladrona.
—Entrecerró los ojos un poco y, con un gesto suave, se incorporó sobre ella y le miró desde arriba, colocando una mano en su barbilla—. ¿Ah? ¿Es que lo dudas?
¿Después? Oh. Después voy a hacerte desear unirte al Expreso. —Susurró con aire divertido, volviendo a tomarla—. Voy a convertir tu pequeño mundo en un festival de la Exultación...
¿Si? —Preguntó la mujer mirándole desde arriba. Con una sonrisa amable, acarició sus mejillas y le besó nuevamente...— Antes de que digas nada. Hoy es un buen día. —Y guiñó un ojo, dejándole... Interpretarla—.
Parpadeó tranquilamente y observó a la pelirroja un buen rato, buscando encontrar respuestas a su forma de ser. Pocas veces la veía tan atrevida…— Himeko.
—Roja como su cabello, la mujer parecía dudar un poco. A fin de cuentas... Era lo que había venido buscando. A ella. Toda ella—. Mmmh... Tú hueles mejor.
Sin esperarlo, su rostro quedó completamente atrapado en el pecho de la mujer. Pudo sentir su olor natural, algo que le fascinó.
Despacio subió las manos para ayudarla a subir y liberar entonces su cara.— Hueles bien, cariño.
Tsk. —Azorada, la pelirroja volvió a imponerse. Colocó ambas manos a sendos lados de esa estúpida cara, con esa estúpida sonrisa que le volvía estúpidamente loca—. Te he venido a buscar a ti. —Dijo con seguridad... Aunque claro. Toda dignidad perdió cuando la gravedad hizo su »
—Rojavse puso ante sus carcajadas, dándole leves golpes en su pecho fruto de la indignación. ¡No podía creerlo! Ella intentaba algo nuevo y Kafka...— ¡N-no te busco solo por eso!
Parpadeando un par de veces, se quedó en silencio durante unos segundos hasta explotar en risas.— Oh, Himeko… ¿por eso me buscas? No creo que siquiera Silver Wolf escuche o si lo hace… va a ignorarlo.
—Resopló un poco y, tras eso, logró calmarse... E inclinándose, le susurró en el oído—. ¿Sabes? Creo que hoy me toca a mí hacer que Silver Wolf te oiga a ti.
Bueno… tú acabas de decir que me debes muchas cosas. —Rió bajo, permitiéndole hacer hasta rozar con la yema de sus dedos.— Yo a ti, Himeko. —Despacio, entrelazó sus manos por debajo de los guantes.
No, claro que no. Deber es una palabra fea y extraña. Suena a que lo que hago por ti lo hago por un beneficio. —Y con una risita suave, metió los dedos justo debajo de sus guantes—. Te quiero.
Los ojos se le abrieron más de lo esperado ante la iniciativa ajena. No era de piedra, por supuesto que le había encantado.— Cariño… no me debes nada. —Murmuró y luego se dejó caer sobre el colchón, permitiéndole a la pelirroja más control sobre la situación.
No. —Y entonces ella tomó la iniciativa. Por una vez, invertir los papeles sonaba bien, así que sujetó sus manos contra el colchón y se colocó encima de ella—. Yo te debo a tí muchas cosas.
Al sentir el calor ajeno cerca, pasó un brazo por detrás de la espalda de la pelirroja.— Te debo lo que quieras, princesa. —Sonriendo con cierta calidez, se inclinó para besarla nuevamente mientras los dedos presionaban su cintura.
La sorpresa en su rostro se notó al ver a la pelirroja y tras escucharla dejó escapar una risita.— Feliz cumpleaños atrasado, cariño. Disculpa que no haya aparecido.
—Por una vez, por una única y exclusiva vez, decidió ser ella la que se colase en la habitación de @AR4CNIDE y dejar un beso sobre sus labios, cariñoso y sorpresivo—. Feliz cumpleaños para mi... Aunque con retraso, supongo ♪
Espera. —Y con lentitud se quitó los tacones y cualquier cosa que no fuera el vestido. Se estaba poniendo cómoda—. Mmmh. Pero así tendrás algo... Mi esposa.
La espera no fue tan larga y al verla, dejó escapar una risita.— Cariño. —Suspiró, rodeando el cuerpo ajeno para abrazarla nuevamente y hacer que se recostara sobre su pecho.— Con tenerte a ti es suficiente.
—Al cabo de un rato regresó a su lado. Se acercó y colocó en su muñeca un brazalete dorado, idéntico al que siempre llevaba—. ¿Servirá de momento? También tengo esto. —Y sacó un pequeño colgante para el móvil de Himekitty—.
La risa ajena le pareció curiosa. Aún así, se mantuvo en su lugar, acomodándose más arriba para alcanzar las almohadas y dejar descansar su cabeza allí en su espera.— Mmh…
—Se rió y, con una suavidad y dulzura, lentamente se separó de ella; no son antes trazar una perfecta linea con su cuerpo sobre el ajeno. Se incorporó y, con una sonrisa pícara, salió de la habitación—.
Mmmh. —Y con suavidad, apoyó el rostro sobre aquel hermoso pecho de la ajena, cerrando el puño enguantado sobre el corazón ajeno—. Kafka. ¿Puedes esperar aquí?