Β« el chico, enseΓ±Γ‘ndoles sus propios recuerdos utilizando su extraΓ±a magia.
Todos estΓ‘n de acuerdo en que deberΓa haberlo matado.
La pantalla se rompe en mil pedazos.
ΒΏY dΓ³nde quedaron esas flores, esas princesas y esos momentos de risa y felicidad? ΒΏCuΓ‘nto tiempo hace desde entonces? QuizΓ‘ su padre ya no sea el hombre que recuerda.
Por supuesto.
Recuerda que cada vez que la visita le trae una flor diferente, y que cuando era niΓ±a le contaba cuentos de princesas y seres fantΓ‘sticos. AdemΓ‘sβ¦ cada vez que sonreΓa le salΓan esos hoyuelos que tanto le gustan.
Primero un pie, luego el otro, sus ojos llenos de fascinaciΓ³n.
βAyΓΊdeme. He... yo... necesito... βPrimero, necesitaba sangre. No podΓa pensar con claridad, ni ver u oΓr de forma adecuada, si no obtenΓa la sangre que necesitaba.
EstΓ‘ de rodillas. La voz le hace elevar el mentΓ³n. Su rostro estΓ‘ pΓ‘lido y sudoroso y tiene sangre en lugar de lΓ‘grimas bajando por sus mejillas. Su boca se abre como una rosa y logra dominar el temblor de su cuerpo lo suficiente como para asentir.