Existen muchos perritos solos en las calles, cargando con la tristeza de ser invisibles para el mundo. Deseando ser encontrados, deseando ser vistos.
Coraje, el perro cobarde. Cartoon network, 1999.
“No sabe cómo ser un perro.” Adoptamos a Simon como un “proyecto”.
Había sido un perro de carnada. Usado para entrenar peleas. Le limaron los dientes. Ya no tenía orejas.
El primer mes no caminaba. Se arrastraba. Si levantabas la mano para rascarte la nariz, se aplastaba contra el suelo y se hacía pipí del miedo.
Le compramos juguetes. Se escondía de ellos. Le dimos una cama. Dormía en el piso duro, al lado. Pensamos que el daño era demasiado profundo. Que podíamos darle seguridad, pero no alegría.
Entonces llegaron las tormentas.
Mi hija de cinco años le tiene pánico a los truenos. Cuando empezó, se puso a llorar en su habitación. Corrí hacia ella, pero Simon llegó primero.
El perro que tenía miedo de su propia sombra. El que se asustaba con una hoja cayendo. Saltó a la cama. Enroscó su cuerpo marcado y roto alrededor de mi niña.
Soltó un suspiro largo y tranquilo, y apoyó su cabeza pesada sobre su pecho. Ya no estaba temblando. Porque ella sí. Él sabía lo que era el miedo. Y decidió que no lo iba a sentir sola.
Simon no sabía jugar a buscar la pelota. No sabía caminar con correa.
Pero sabía perfectamente cómo ser un perro.
Solo necesitaba a alguien por quien valiera la pena ser valiente. 🐾💛