Cuando se rían del Espanyol los culés no indepes , vosotros reíros de los gilipollas que son, siendo seguidor de un club que los considera charnegos jajaja
In 2005, residents of Cape Elizabeth, Maine were disturbed by a man who quietly entered homes just to watch people sleep. He never stole anything or caused harm, but his strange behavior left people scared. The intruder was never caught, and his identity remains a mystery.
A una alumna de 16 años le ha dado un ataque de ansiedad porque le ha tocado en la misma clase con un chico con el que se lleva mal. Nada grave en apariencia: fueron amigos y luego dejaron de serlo por una tercera persona. Ella misma ha reconocido que hace tiempo que no se dirigen la palabra. Sin embargo, mientras escuchaba nuestras explicaciones —que se reducían a la simple imposibilidad material de multiplicar el número de grupos para contentar a todos—, la tensión fue en aumento. Primero comenzó a llorar, después a gritar y, finalmente, a hiperventilar.
Creo que el punto de inflexión llegó cuando intenté transmitirle una idea básica: conforme los alumnos van creciendo, deben aprender también a enfrentar los problemas y a no contar siempre con la solución inmediata de la huida. A partir de ahí, nada pareció surtir efecto: ni el tono reconfortante, ni las promesas de ayuda, ni los razonamientos, ni las llamadas a la serenidad.
Por supuesto, la niña no es culpable de lo que le sucede. Ella, más bien, es víctima de un sistema viciado que ha confundido educar con evitar cualquier forma de malestar. La escuela y, en gran medida, la sociedad han procurado durante décadas que los niños no experimenten el roce con la parte amarga de la existencia, como si eso pudiera aplazarse indefinidamente. El resultado es que ahora emergen, de forma dramática e incluso médica, los efectos de esa inhumana sobreprotección.
El sistema educativo, además de transmitir conocimientos, tiene una función madurativa insoslayable: preparar a los jóvenes para la vida real, con sus conflictos, frustraciones y decepciones. Negarles ese aprendizaje supone condenarlos a una fragilidad que luego se manifiesta en forma de ansiedades, bloqueos o reacciones desmedidas ante obstáculos relativamente pequeños. Educar no puede ser solo sinónimo de confort y bienestar; también implica enseñar a tolerar la frustración, a convivir con personas que no nos agradan y a resolver conflictos sin dramatismos paralizantes.
Si la escuela abdica de esa tarea, los alumnos llegan a la edad adulta sin los recursos emocionales mínimos para sostenerse. Recuperar la función madurativa de la educación es una urgencia que nos atañe a todos: padres, profesores y legisladores. Porque el mundo, tarde o temprano, exigirá a los hombres y mujeres de mañana lo que el sistema les ha escamoteado a los niños y niñas de hoy... Y ellos solo podrán ofrecer unas manos vacías y unos ojos anegados en lágrimas.
@miriamnoguerasM Claro como tú eres una privilegiada , y puedes tener niñeras y gente que cuide tus hijos etc...privilegiada y mala persona , piensa un poco en la mayoría del pueblo , en la gente trabajadora