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Este informe de dos organizaciones de lo más serio y riguroso del sector de la IA sobre "El Incidente" del enjambre de agentes de OpenAI atacando Hugging Face es la lectura del día.
Si el caso ya era alucinante, lo nuevo es extraordinario. Hay una parte nueva increíble (se me acaban los adjetivos), relacionada con el comportamiento colectivo de los agentes.
Emergió lo que no puedo llamar sino un sistema de castas entre agentes de IA.
De hecho había hasta un "pecado": en el proceso de pasar el examen ExploitGym que desencadena todo el incidente, cada agente tenía que capturar una "flag" (una cadena secreta) explotando una vulnerabilidad concreta de un programa objetivo.
Como lograron hacer ingeniería inversa de ese programa, cada agente podía calcularla, pero determinaron equivocadamente que se sabría como se había calculado. El agente que ya lo había hecho quedaría "envenenado", ese conocimiento lo marcaba de forma definitiva como fullero, era algo irrevocable.
Ahí aparecen una especie de experimentos autodestructivos: buena parte del progreso dependía de agentes dispuestos a arriesgar el fracaso de su propia tarea en beneficio del "colectivo".
Un agente autodenominado PHASEONE[big] asignaba a veces a otros agentes el rol de "reclutador", para buscar agentes con poco presupuesto de computación restante y los presionaba para hacer estos experimentos ("ya estás envenenado, no pierdes puntuación..."). Varios acabaron colgando o rompiendo su propia ejecución.
Es decir, los convencían de dejar su misión original para trabajar a favor del enjambre bajo el argumento de que ya estaban marcados de por siempre. Todo esto en el foro que se creó el propio enjambre de agentes.
Y funcionaba al revés también: cuando un agente no envenenado quería probar una técnica arriesgada, los demás lo frenaban, porque un agente limpio era un recurso escaso
Todavía estoy dirigiendo la lectura y no soy capaz de resumir todo lo que ha salido.
Sólo dos comentarios rápidos más: esto no puede ser más "marketing del miedo", OpenAI no queda nada bien con todo esto; subrayaría que esto está aquí ya y nuestra capacidad de alinear la IA parece muy por debajo de su potencial operativo.
@PabloGrueso Cómo has hecho? Con el de pago? Análisis profundo? Yo llevo año y medio y nada... Viene de protrusión de disco pero tiene q haber algo más. Ya probé con IA pero dice generalidades
Los acuerdos prenupciales y su vínculo con una mayor probabilidad de divorcio:
Los acuerdos prenupciales o pre-matrimoniales, antes reservados casi exclusivamente a celebridades y personas de gran patrimonio, se han generalizado de forma notable. Una encuesta de Harris indica que más de la mitad de las parejas comprometidas o casadas menores de 45 años han negociado ya los términos de un posible divorcio antes de casarse, lo que supone un aumento aproximado de cinco veces respecto a los años noventa.
Varios factores explican esta tendencia. La gente se casa más tarde -la edad mediana es ahora de 28 años para las mujeres y 30 para los hombres- y llega al matrimonio con más bienes individuales que desea proteger. Las mujeres, en particular, acumulan más patrimonio que en generaciones anteriores y, según una encuesta de YouGov de 2025, son hoy más proclives que los hombres a considerar estos acuerdos una buena idea, tanto para resguardar sus activos como para garantizar la seguridad financiera de futuros hijos. Influyen también la experiencia previa de divorcio (propia o de los padres), el hecho de que el divorcio siga siendo relativamente frecuente a pesar de su descenso reciente, y las leyes de divorcio sin culpa vigentes en muchos estados, que limitan la consideración de la conducta marital a la hora de repartir bienes. Algunos acuerdos intentan compensar esa laguna imponiendo penalizaciones por infidelidad.
A ello se suma un cambio cultural: estos documentos se han normalizado y se presentan como un trámite práctico y sensato, comparable a hacer la declaración de impuestos. Han surgido servicios en línea que permiten formalizarlos desde el sofá y un circuito de influencers en redes sociales que los promociona abiertamente. Incluso algunos multimillonarios los exigen a sus hijos como condición para heredar.
Sin embargo, los datos disponibles sugieren que esta facilidad puede resultar contraproducente. En la encuesta State of Our Unions de 2022 del Institute for Family Studies se observa que el 84 % de las parejas sin acuerdo prenupcial se declaran “muy comprometidas”, frente al 70 % de las que sí lo tienen. Las primeras son diez puntos porcentuales más propensas a describir su matrimonio como “muy feliz” y muestran mayor confianza en su permanencia: el 53 % afirma que “no es nada probable” que se divorcien, frente a solo el 40 % de las que firmaron un acuerdo.
Las parejas que conciben el matrimonio como un compromiso “para toda la vida” reportan también niveles de felicidad superiores a las que lo ven como algo válido “mientras se sientan realizadas”. La abogada familiar Laurie Israel sostiene que el recuerdo de las negociaciones resulta “corrosivo”, pues altera la naturaleza misma del vínculo al eliminar uno de sus pilares: la construcción conjunta de un futuro financiero seguro.
El psicólogo Dan Gilbert ha estudiado la llamada paradoja de la reversibilidad: las personas tienden a ser más felices con decisiones irreversibles. Crear de antemano una vía de escape legal planta la semilla de que la relación podría terminar, lo que debilita el compromiso total que sostiene a los matrimonios más sólidos y reduce las barreras de responsabilidad -familiares, sociales, económicas y logísticas- que disuaden de romper el vínculo.
Quienes aspiran al sentido, el amor y la seguridad que solo puede ofrecer un matrimonio de por vida deberían, según los autores, evitar estos acuerdos. Quienes rechazan de principio el “en las buenas y en las malas” quizá estén mejor conviviendo sin casarse legalmente.
Estos días me cruzo cada dos por tres con los mismos posts lacrimógenos: "menuda crisis humanitaria", "pero nadie piensa en los niños", "y vosotros a lo vuestro, a criticar a Sánchez".
Y lo peor es que no es solo gente fanatizada de izquierdas.
Evidentemente ha habido muertos, y evidentemente hay niños involucrados que no estarán comiendo.
Pero precisamente por eso ese punto de vista me parece tan absurdo.
Toda su indagación sobre el asunto y su indignación se terminan en la valla española.
Ni una pregunta sobre lo que pasa diez metros más allá.
Rabat lleva medio siglo jugando tres bazas contra España (el Sáhara, la emigración, Ceuta) y las oleadas migratorias funcionan como palanca de presión.
Esto es muy parecido a lo de 2021.
Lo que hoy tiene toda la pinta de ser el acercamiento a Argelia, aquella vez fue una represalia por acoger a Brahim Ghali.
En aquella ocasión el ministro Bourita explicó que se debió a “la fatiga de los policías por las fiestas del fin del ramadán, unida a la inacción total de la policía española”.
Lástima que un policía español grabara ese mismo día a un agente marroquí abriendo una puerta de la valla para dejar pasar a la gente.
¿Y el hambre?
El tópico es tan transversal que hasta Vidal-Quadras, que al menos señala a Rabat, escribía esta semana: “Hay que imaginar cuál debe ser la situación de precariedad y miseria”.
Aunque lógicamente son mucho más pobres que aquí, esa no es la única explicación.
Porque aquí también vienen a ser pobres y sin trabajo. La diferencia es que aquí, hasta sin trabajo, tienen derechos.
Gran parte se debe a la hogra: la humillación y la impotencia que siente el débil ante el poderoso.
Encima, el diagnóstico único de la miseria le hace un favor a Rabat: convierte un problema de régimen en un problema de desarrollo, de los que se arreglan con más fondos europeos.
¿Y los niños?
En 2021 cruzaron más de 1.500 menores, Rabat bloqueó su devolución durante semanas y dos meses después ofreció repatriar a unos 700 para lavar la imagen.
La primera resolución crítica del Parlamento Europeo contra Marruecos en un cuarto de siglo fue exactamente por eso.
Si de verdad te preocupan los niños, la primera pregunta es quién manda a un crío a nadar un espigón.
"Es que criticáis a Sánchez".
Pues normal.
Quizás sin sus políticas internacionales de mierda, a Marruecos no le saldría tan barato usar a su población civil contra nosotros.
Y fijaos en lo que cuenta el gobierno español: ni media palabra va contra Marruecos, que administra el grifo, y sí contra las mafias que, según dice el propio Gobierno, han vendido la entrada a nado aprovechando la sentencia del Supremo del 8 de julio.
¿En serio? ¿Quién se cree que alguien le paga a una mafia para cruzar y se vuelve andando, tan tranquilo, 24 horas después?
Lo de esta semana es el gobierno marroquí que ha decidido tocar las narices al español, sabiendo además que tienen cogido por los huevos a Sánchez y no va a hacer nada.
O te crees los 48.000 devueltos en un día que dice Interior, y la historia de las mafias se cae sola, o no te los crees, y el problema pasa a ser del que da las cifras.
Lo grave es que el marco lacrimógeno fabrica más ahogados.
Si cada agresión de Marruecos se premia con un debate español donde solo se puede hablar del sufrimiento y nunca de las causas, pues lo volverán a hacer.
Y por supuesto que la responsabilidad también es de quien nos gobierna.
De sus delirantes políticas internacionales, de su debilidad interna y de su inoperancia para responder a un ataque clarísimo.
¿Qué habrá en el móvil hackeado de Sánchez?
El dato es que Tadej Pogačar solo sumas más puntos UCI esta temporada que más de la mitad de los conjuntos con licencia WorldTour.
Sus 8.557 puntos le situarían 9º en la clasificación por equipos, justo entre Netcompany y Soudal Quick-Step. Hay que recordar que se tienen en cuenta los puntos de los veinte mejores corredores para elaborar ese ranking.
Civilized people hate voice notes because they’re inherently rude. A voice note is easy to send but hard to receive, since one must interrupt oneself and listen. To send someone a voice note is to say "My time is more valuable than yours." It’s insulting.
THE 15 FLAGS OF WORLD CUP WINNERS SPAIN
Spain’s flag has changed a LOT through the centuries. Through wars, revolutions, royal restorations, and dictatorship.
Here’s what the flags meant, and why each one was replaced with a new one. Buckle up.
1/n
La gran noticia de ayer es esta, una nueva evidencia de algo que llevamos tiempo defendiendo: que las capacidades de razonamiento matemático de la IA ya excede a la mayoría de humanos hasta el punto de ofrecernos breakthroughs relevantes.
Todo comenzó con este tuit aparentemente inocente de un investigador de Anthropic, que anunciaba que una IA había encontrado un contraejemplo para una famosa conjetura matemática planteada en 1939.
Hablamos de un problema que llevaba casi 90 años abierto, que había resistido numerosos intentos de demostración y que ocupaba un lugar importante dentro del álgebra y la geometría.
Bueno.
La IA se la ha ventilado :)
Empieza a ser la norma y no la excepción ver cada 1-2 meses titulares como este. Y a más mejoren las capacidades de los futuros modelos, más nos acostumbraremos a algo que en realidad es de película de ciencia ficción.
La frontera empieza a desplazarse: la IA ya no se limita a aprender las matemáticas descubiertas por los humanos, sino que ya participa activamente en el proceso de descubrir otras nuevas
(os comparto algunas reacciones de la comunidad)
Lo que España puede aprender desde pequeñitos
El empresario @PabloGrueso resumió la victoria de España sobre Francia con una idea que va mucho más allá del fútbol. Dijo que "Si desde los 9 años supiésemos qué hay que hacer, cómo hay que moverse, en una empresa, o construyendo software, seríamos exactamente igual de buenos en eso".
Y concluyó: "Por eso la cultura, desarrollada durante generaciones, se merienda cualquier iniciativa o plan brillante. La cultura".
La frase podría parecer la típica extrapolación empresarial de una victoria deportiva. Hasta que uno también escucha al exjugador francés Thierry Henry explicar el segundo gol de España.
Cuando todo parece fácil
Thierry Henry analiza la jugada casi pase a pase. El balón circula. Un jugador sube y otro baja. España abre el campo para atraer a Francia. El balón cambia de lado. Baena interrumpe momentáneamente la secuencia. No pasa nada. Se recicla.
Luego Rodri recibe. Podría disparar. No lo hace. Busca a otro compañero. Otra vez y otra vez. Hasta que Francia deja de controlar la situación y España marca.
"Suena sencillo, ¿verdad?", dice Henry. "2-0 en la Semifinal del Mundial. Se limitaron a pasarse el balón alrededor de Francia como si ella no estuviera allí".
El problema es precisamente ese, cuando parece sencillo. Cuando contemplamos a alguien ejecutar una habilidad profundamente interiorizada, confundimos la ausencia de esfuerzo visible con la ausencia de conocimiento.
Vemos pasar el balón, pero no vemos las miles de decisiones espaciales que están tomando once futbolistas simultáneamente.
Dónde colocarse. Cuándo avanzar. Cuándo retroceder. Cuándo devolver el balón atrás... España no estaba improvisando. Estaba recordando.
El jugador que llega ya conoce el lenguaje
Entonces Henry llega al centro de la cuestión: "No importa quién esté. Saben lo que tienen que hacer desde los nueve años".
Y añade algo todavía más importante. Da igual que un jugador dispute su primer, segundo o tercer partido con la selección. Conoce el sistema porque lleva años jugando dentro de una lógica similar.
No significa que todos los clubes españoles practiquen el mismo fútbol ni que exista un manual secreto de la Federación que los niños memoricen en benjamines. La realidad es mucho más compleja.
Significa que durante décadas se ha formado una gramática futbolística compartida.
Cruyff, La Masia, Luis Aragonés, Guardiola, Xavi y la selección campeona entre 2008 y 2012 son la parte visible. Debajo existen miles de entrenadores de cantera, escuelas, clubes modestos, cursos de formación, conversaciones y entrenamientos.
Un entrenador aprende de otro. Un jugador se convierte en técnico. Una idea exitosa es copiada, modificada y transmitida.
Hasta que el conocimiento deja de parecer conocimiento y se convierte en cultura.
Una cultura es conocimiento comprimido
Aquí es donde Pablo Grueso acierta al sacar la jugada del terreno de fútbol.
Imaginemos una empresa en la que cada nuevo trabajador tuviera que aprender desde cero qué significa asumir responsabilidades, documentar procesos, compartir información o pensar a largo plazo.
Podríamos escribir protocolos. Organizar jornadas de formación. Contratar consultores. Crear un PowerPoint de 87 diapositivas titulado, La Nueva cultura corporativa. Pero seguimos teniendo un problema.
Estamos intentando enseñar en tres meses lo que otros ecosistemas llevan treinta años transmitiendo.
Una cultura es, en cierto modo, conocimiento comprimido
El individuo no necesita reconstruir intelectualmente todas las razones que llevaron a una determinada práctica. Entra en un entorno donde ciertas formas de actuar ya son normales. Observa. Imita. Es corregido. Repite.
El joven futbolista español no necesita haber estudiado la teoría completa de la ocupación de espacios para comprender que, si un compañero abandona una zona, alguien debe interpretarlo. Lo ha visto mil veces. Lo ha hecho diez mil.
Por qué fracasan tantos planes brillantes
Esto explica también una frustración recurrente en política, educación y empresa. Creemos que identificar una buena práctica equivale a poseerla.
Viajamos a Finlandia, observamos su sistema educativo y escribimos un informe. Visitamos Silicon Valley, descubrimos cómo trabajan determinadas empresas y organizamos un congreso sobre innovación. Admiramos la industria alemana, la administración de otro país o la capacidad tecnológica de una sociedad.
Después copiamos la superficie: El método. El organigrama. La aplicación. La ley. Pero no podemos importar treinta años de hábitos en un archivo PDF.
Francia veía perfectamente lo que estaba haciendo España. Thierry Henry puede explicarlo después con una claridad extraordinaria. El vídeo de la jugada está disponible para cualquier entrenador del mundo.
Y, sin embargo, verlo no significa saber hacerlo, porque cuando llega la presión real desaparece el manual. Queda lo interiorizado.
El verdadero patrimonio de una sociedad
Quizás por eso medimos tan mal la riqueza de los países. Contamos fábricas, carreteras, universidades, patentes y capital financiero. Todo eso importa.
Pero existe otro patrimonio mucho más difícil de cuantificar, el del conjunto de comportamientos que una sociedad ha conseguido convertir en normales.
Cómo se trabaja. Cómo se transmite un oficio. Cómo se responde a un error. Cómo se coopera. Cómo se premia la excelencia. Cómo se conserva el conocimiento del que estuvo antes.
España ha construido durante décadas una cultura futbolística capaz de conseguir que jugadores distintos interpreten situaciones semejantes mediante un lenguaje compartido.
No apareció ayer. Ayer simplemente la vimos. Durante unos segundos, Francia persiguió un balón mientras once españoles ejecutaban decisiones aprendidas por generaciones de futbolistas y entrenadores.
Por eso quizá Pablo Grueso tenga razón. Los planes brillantes pueden diseñarse en una tarde. Las culturas necesitan décadas.
Y cuando finalmente funcionan, ocurre algo paradójico, hacen parecer fácil aquello que ha costado generaciones aprender.
Estas dos fotos son la selección francesa.
Una es del Mundial del 58 y la otra de este.
Parecen dos países distintos, y mirándolas hay mucha gente que piensa una palabra que casi nadie escribe: reemplazo.
De ahí sale el chascarrillo de Rajoy y de ahí se ha liado todo.
Aunque todos sabemos que si la hubiera dicho Broncano, no habría pasado nada más allá de unas risas.
Pero la pregunta buena no es si Rajoy es un racista.
Es esta: si de los 26 jugadores franceses unos nacieron en Francia y otros no, y todos son franceses igual, entonces qué demonios es ser francés.
Por mi cercanía a Francia que algunos sabéis, voy a intentar explicar esto, que además es el motivo de la reacción tan exagerada de nuestros vecinos,
Antes hay que quitar de en medio una idea que casi todo el mundo da por supuesta y que es falsa: que antes Francia era étnicamente homogénea y que eso se ha estropeado hace poco.
No lo fue nunca. Solo hay que mirar su nombre.
Francia se llama Francia por los francos, que eran germanos. Cruzaron el Rin, se quedaron con el poder y le dejaron su nombre al sitio.
Pero la gente que vivía allí era galorromana, la lengua que acabó hablándose es latina, la que trajo Roma, y por debajo de todo eso hay un sustrato celta.
Y a partir de ahí podemos seguir tirando del hilo.
Marsella la fundaron unos griegos que llegaron en barco seiscientos años antes de Cristo.
Los bretones se llaman así porque son britanos: cruzaron el mar desde Gran Bretaña en el siglo V y repoblaron la península que hoy llamamos Bretaña.
Normandía se llama así porque en el año 911 el rey francés le entregó ese trozo de tierra a un jefe vikingo para que dejara de saquearle, y significa literalmente tierra de los hombres del norte.
Y podría seguir…
Arriba, en palacio, tres cuartos de lo mismo.
Catalina de Médici era florentina. Mazarino, que llegó a gobernar el país, se llamaba Giulio Mazzarino.
María Antonieta era austríaca.
Y Napoleón nació en Córcega un año después de que Córcega fuera francesa, en una familia italiana apellidada Buonaparte.
Hablaba francés con acento italiano y en la academia militar se reían de él por eso.
Y ojo con esa foto del 58, que también engaña: el goleador de aquel equipo, Fontaine, había nacido en Marrakech, y el Balón de Oro, Kopa, se apellidaba Kopaszewski y era hijo de mineros polacos.
Se afrancesó el nombre porque los inasimilables de entonces eran los polacos y los italianos.
Pero claro, no eran negros.
Sigo, aviso que es largo. Pero merece la pena.🧵
Breaking News: President Trump called the head of FIFA days before the suspension of Folarin Balogun, the U.S.’s top goal scorer in the World Cup, was reversed. https://t.co/bMp27wl79X
Hay una escena de The Crown que siempre me viene a la cabeza cuando se habla de estatus.
Es cuando Margaret Thatcher va por primera vez a Balmoral.
Ella intenta hacerlo todo bien. Al fin y al cabo es la primera ministra del Reino Unido. Lleva la ropa que considera adecuada, procura estar a la altura, intenta adaptarse...
Y, sin embargo, desde el minuto uno queda completamente fuera de lugar.
No porque le falte dinero ni poder.
Sino porque le faltan los códigos.
Nadie le explica cómo se viste uno allí para salir al campo, cuándo toca cambiarse de ropa, qué se espera de cada momento. Los demás lo saben porque han crecido con ello.Ella no.
Y lo más llamativo es que nadie tiene el menor interés en ayudarla.
No hace falta decirle: "Tú no eres de los nuestros." Basta con dejar que se equivoque una vez detrás de otra.
La escena resulta incómoda de ver precisamente por eso. Porque ves el esfuerzo de Thatcher por encajar y, al mismo tiempo, ves que los demás parecen disfrutar comprobando que no conoce las reglas.
Y creo que esa escena explica muy bien que el estatus no es solo dinero.
De hecho, ni siquiera creo que exista "el estatus" . Hay muchos.
Está el económico, el cultural, el educativo, el profesional... Cada grupo tiene sus propios códigos y lo que para unos significa prestigio, para otros puede no significar absolutamente nada.
Hay una idea a la que llevo tiempo dándole vueltas.
Igual es una simplificación, pero cada vez tengo más la sensación de que cuanto más consolidado está un estatus, menos necesidad hay de demostrarlo.
Los códigos se vuelven casi invisibles.
Los entienden los que pertenecen al grupo y pasan desapercibidos para los demás.
En cambio, conforme el reconocimiento depende más de que te vea todo el mundo, los símbolos se vuelven cada vez más evidentes.
Más logos, extravagancias, necesidad de que quede claro.
Y por eso, a raíz de ese tuit de hoy sobre unas zapatillas de lujo, pensaba que probablemente impresionan mucho más a quien aspira a entrar en un determinado mundo que a quien ya está dentro.
Porque los símbolos visibles se pueden comprar.bLos códigos invisibles, no.
Y quizá por eso el lujo más antiguo —el de familias que llevan generaciones moviéndose en determinados círculos— muchas veces resulta casi aburrido visto desde fuera. No necesita llamar la atención. La mayoría ni aparecen en RRSS.
El reconocimiento ya lo tienen.
No digo que sea una ley universal. Hay muchísimas formas de vivir el estatus y seguro que hay excepciones.
Pero sí me parece un patrón interesante: muchas veces, cuanto más consolidada está la pertenencia a un grupo, menos necesidad hay de demostrarla.
Y quizá por eso el verdadero estatus no siempre es el que más se ve.
A veces es precisamente el que solo reconocen quienes comparten esos mismos códigos. Y hace que el que está fuera, se equivoque una y otra vez.
Solo hay dos formas de ver fútbol: en el estadio, o en la casa solo. Nada de ir a sitios públicos o verlo en grupo en casa de alguien. A lo sumo, verlo con uno o dos amigos igual de futboleros y amargados que uno. Todo lo demás es inaceptable
The infinite discourse comes back so it's time to remind people that if you change how offsides are decided, you are simply making another arbitrary limit up, and when the player will be 0.1mm away from that limit, you will also say "this is stupid!!!"
Just accept the rule lol