Podía hacer que comiera cuando mi madre no podía, podía calmarla cuando estaba en su furor, y cuando estaba callada, solía ayudarme a alimentar a las cabras ▕⃝⃤
Aquella noche permanecí allí, entablando una apacible charla con mi padre acerca de lo que, al día siguiente, sería se debía de hacer con Rip. A esa hora, no quedábamos sino él y yo, y la conversación, siguiendo su curso natural, derivó de un asunto a otro, hasta conducirme, casi sin advertirlo, a revelar algo de aquello que tan hondamente me mortifica.—