Mujeres vietnamitas se abotonan las camisas después de que los soldados estadounidenses las violaran delante de sus hijos.
Después de esta foto, para no dejar testigos, los soldados yankis las fusilaron con sus hijos en brazos.
Aldea de My Lai, Vietnam, 16 de marzo de 1968.
GRACIAS, POR GUARRETE
Alexander Fleming no entró en el departamento de bacteriología del Hospital St. Mary’s de Londres por sus notas. Ni por su currículum.
Entró porque disparaba bien.
El equipo del departamento necesitaba un tirador. Preguntaron. Apareció un escocés bajito, hijo de granjeros, que le daba a una diana a cincuenta metros. Y así, por puntería, empezó una de las carreras más importantes de la historia de la medicina.
Su primer gran descubrimiento fue la lisozima. ¿Y sabes cómo la encontró? Porque le cayó un moco de su propia nariz encima de una placa de cultivo. Vio que donde había caído la gota, las bacterias morían.
Descubrió que nuestro cuerpo fabrica sus propias defensas antibacterianas.
Su laboratorio era un desastre legendario. Placas apiladas sin etiquetar. Ventanas abiertas. Un caos que horrorizaba a sus compañeros.
Y precisamente por eso descubrió la penicilina.
En 1928 se fue de vacaciones. Dejó unas placas con estafilococos tiradas por ahí. Cuando volvió, un hongo había contaminado una placa. Cualquier otro la habría tirado a la basura. Él se fijó en que alrededor del hongo no quedaba ni una bacteria viva.
Ese hongo era Penicillium notatum. Y esa placa sucia cambió el mundo.
Ah, y pintaba cuadros con bacterias. Usaba gérmenes pigmentados como pintura. Al aplicarlos eran invisibles, pero al incubar el lienzo aparecían con colores vivos. Le aceptaron en el Chelsea Arts Club de Londres por eso.
Cuando visitó los laboratorios ultramodernos de Estados Unidos, soltó una frase que deberían grabar en todas las facultades de medicina del mundo:
“Si yo hubiera tenido estos laboratorios, no habría descubierto la penicilina.”
Fleming murió un 11 de marzo de 1955. No patentó su descubrimiento. Quería que fuera accesible para todos.
A veces la genialidad no está en el orden. Está en saber mirar lo que otros tiran a la basura.
Hoy, sin antibióticos, cada cirugía que hago sería una ruleta rusa.
Gracias, Fleming. Por guarrete.
#LaTraumatologaGeek
Increíble como todos estos zurdos salen a defender a un régimen genocida de fanáticos religiosos que no dudarían en usar armas nucleares si las tuvieran. Todos el mismo guion anti occidental pro islámico y woke.
Si se confirma la muerte de Ali Khamenei, se demuestra que lo de Gaza es genocidio. Que Israel y Estados Unidos tengan la capacidad de matar al líder supremo de Irán en un día pero para "detener" a los líderes de Hamas necesiten matar a 70 mil personas durante meses no es error.