Reventón térmico en Espinardo (Murcia) esta tarde, después de alcanzar un infierno de 45 grados a las 5 de la tarde.
Ningún abuelo de la zona recuerda algo parecido. Pero si Iker Jiménez dice que siempre ha hecho calor en verano y Abascal que esto es un invento del fanatismo climático, ¿quién soy yo y toda la comunidad científica mundial para llevarles la contraria?
Los alto al fuego siempre son una buena noticia. Sobre todo si conducen a una paz justa y duradera. Pero el alivio momentáneo no puede hacernos olvidar el caos, la destrucción y las vidas perdidas.
El Gobierno de España no aplaudirá a quienes incendian el mundo porque se presenten con un cubo.
Lo que toca ahora: diplomacia, legalidad internacional y PAZ.
Acaba de llegar el ladrón y putero de Juan Carlos I a Andalucía para acudir a una corrida de toros en Sevilla. Ha sido recibido por sus nietos Victoria Federica y Froilán, que dispusieron de tarjetas black para gastar sin límite. Los Borbones son unos ladrones.
Médica, funcionaria de carrera, gestora sanitaria, subdirectora, gerente de los principales hospitales de Sevilla, consejera de Sanidad, de Hacienda, ministra de Hacienda y vicepresidenta.
Todo para que un hombre juzgue a María Jesús Montero por su físico. Qué vergüenza.
No se aceptan mujeres en la cofradía, es la tradición. Perfecto, se cancela cualquier tipo de subvención y se prohibe cualquier acto que implique el uso de espacios públicos. Ahora coged vuestra tradición y volved a la cueva de la que nunca debísteis salir.
Que no Santiago, que ya no hace gracia Torrente.
Tenemos Torrentes en los bares, en el trabajo, en el vecindario, y hace unos años en el Parlamento español y muchas comunidades Autónomas.
Estamos de Torrentes y de Mauricios Colmeneros hasta las narices.
Para este #8M pido que normalicemos que un hombre le diga a otro:
- Pues ese comentario sobra del todo.
Cuando habla de forma ofensiva sobre una mujer (incluso sin que ella esté delante)
No sólo que no le ría la gracia, no sólo que se quede en silencio.
Ayuso dice a las mujeres de la izquierda de aquí que se vayan “solas y borrachas” a Teherán o Kabul.
Usar la falta de derechos de las mujeres en otros países para burlarse de las de tu propio país no es valentía.
Es cinismo.
Y también bastante miseria política.
Que Mariano Barbacid tenga que andar de plató en plató mendigando fondos después de lograr que el 90% de sus ratones queden libres de cáncer de páncreas —sin rastro del tumor y sin que se les caiga el pelo en el proceso— es para que se nos caiga la cara de vergüenza.
En un mundo con un mínimo de sentido común, deberían estar cayéndole billetes del cielo, pero aquí estamos, viendo cómo el sistema prefiere mirar hacia otro lado.
Conviene recordar, por si hay algún despistado que Barbacid no es un aficionado con un microscopio.
Su prestigio es global; en oncología, su nombre pesa tanto como el de cualquier Nobel.
En este gremio, la importancia se mide por el índice h, y el suyo es de 117. Si 60 ya es excelencia, superar los 100 significa que básicamente tú pones los ladrillos sobre los que se construye toda la investigación oncológica moderna.
Resulta incomprensible.
Hablamos de una enfermedad con medio millón de diagnósticos anuales en el mundo y diez mil en España.
Es uno de esos tumores tercos cuya mortalidad se ha negado a bajar en décadas y que, amenaza con escalar al podio de las principales causas de muerte por cáncer.
Con este panorama, que una eminencia nacional tenga que hacer una gira mediática para pedir financiación es, cuanto menos, una señal de que algo está muy podrido.
El drama de Barbacid es el ejemplo de libro para entender por qué la investigación pública es vital y por qué las farmacéuticas a veces parecen más interesadas en el Excel que en la salud.
El problema tiene dos nombres: patentes y genéricos.
El tratamiento propuesto por Barbacid, es un cóctel de tres fármacos, y ahí empieza el vía crucis.
Algunos compuestos ya existen o están a punto de perder la patente.
Y claro, ninguna farmacéutica va a poner 30 millones sobre la mesa si no puede blindarse el mercado.
Si la terapia acaba siendo barata y accesible como un genérico, a la industria no le salen las cuentas.
Para más inri, el cóctel mezcla fármacos de distintas compañías.
Coordinarlos implica que compartan secretos industriales y decidan quién se queda con la tajada más grande.
¿El resultado?
Un infierno burocrático donde los egos y los intereses comerciales pesan más que las vidas.
Por eso Barbacid pide un ensayo académico independiente: si el dinero es público, el control es de los científicos y el objetivo es que funcione, no que encaje en una estrategia de márgenes de beneficio.
El cáncer de páncreas es, hablando en plata, un "mal negocio".
Durante años, la industria lo ha evitado porque los pacientes morían demasiado rápido.
Cruel, pero real: no hay rentabilidad en tratamientos cortos. Las farmacéuticas prefieren llegar cuando el camino está asfaltado y el éxito garantizado.
Barbacid intenta que un avance histórico no termine cogiendo polvo en un cajón solo porque no es lo suficientemente "atractivo" para el mercado.
Así que, si Barbacid pide algo, el Gobierno debería dejar de marear la perdiz. No es un capricho. Esos 30 millones de euros son calderilla comparado con cualquier otra tontería en la que el Estado decide dilapidar el presupuesto cada hora.
Por cierto, me viene a la mente el caso de Steve Jobs, ese genio que, irónicamente, se pasó de listo.
Suele confundirse que murió del cáncer que investiga Barbacid, pero no es cierto.
Jobs tuvo la "suerte" de sufrir un tumor neuroendocrino, mucho menos agresivo que el adenocarcinoma común.
Tenía un cáncer operable y curable, pero decidió que era mejor idea intentar sanar con dietas de frutas, acupuntura y zumos.
Retrasó la cirugía nueve meses y, para cuando quiso volver a la ciencia, el tumor ya se había ido de turismo por su hígado.
Gastó millones en secuenciación de ADN y trasplantes experimentales, pero el tiempo perdido en pseudociencias no se compra con dinero.
Jobs tenía el cáncer "bueno" y su soberbia lo mató.
Barbacid lucha contra el "malo", ese que no te da nueve meses de margen para tontear con batidos verdes.
Si Jobs hubiera tenido el tumor que investiga Mariano, no habría durado ni un año, 20 años después de su muerte las previsiones son las mismas.
Así que, por favor, dejen de racanearle el dinero a quien de verdad sabe qué hacer con él.
Sí, es una medida muy socialista. Y qué. Cuando el capitalismo no está por la labor —porque no ve patentes, ni rentabilidad rápida, ni un mercado “bonito”— solo queda el Estado.
No para sustituir a la ciencia, sino para hacer posible que exista. La investigación que salva vidas no puede depender exclusivamente de si encaja o no en un plan de negocio.
Si el mercado decide que el cáncer de páncreas no es rentable, entonces la respuesta no puede ser encogerse de hombros.
Tiene que ser dinero público, sin complejos, para que los avances no mueran antes que los pacientes. Esto no va de ideología: va de decidir si un país quiere ser espectador… o responsable.
Iker Jiménez, décadas con programas en Prime Time explicándonos leyendas urbanas y teorías de la conspiración… de momento CERO minutos sobre Epstein
Jiménez Losantos, el maestro de la difacion política, ha hecho carrera del insulto y de hablar de las intimidades de los políticos… de momento CERO minutos sobre Epstein
Ferreras, “intrépido periodista” experto en exclusivas cuando vienen filtradas, masticadas y con permiso del poder… de momento CERO minutos sobre Epstein.
Mucho periodismo valiente para hablar de Venezuela, Irán o quien toque esa semana; cero arrestos cuando el escándalo apunta al corazón del sistema que le da de comer.
Al final no es silencio casual: es disciplina de clase. Cuando el tema no golpea hacia abajo sino hacia arriba, la famosa “libertad de prensa” se queda sin cobertura. Y sin vergüenza.
Llevo 35 años ejerciendo el periodismo y he conocido a muchos malos políticos. Pero Ayuso es la persona más miserable que he conocido. No por su gestión, sino por lo humano: llamar frustrados a quienes perdieron a sus familiares y llevan 6 años pidiendo justicia no tiene nombre.
Horrorizada con lo de esta chica y su eutanasia. Me explota la cabeza lo de abogados cristianos y bueno ya lo del padre...pobre muchacha. Se me encoge el alma! Y de cristianos nadaaaa...ojalá exista el infierno,ese en que vosotros creéis y ardais sufriendo.
@VickyRosell@aflorrick77 Es incomprensible la lógica de los pro-vida, anti-eutanasia, anti-aborto… pero abiertamente indiferentes, cuando no beligerantes, frente a los que quieren vivir, prosperar y salir de la miseria…
Esto no será gracias a los que se fueron a Andorra o a los evasores fiscales, es gracias a la clase trabajadora que levanta este país cada día y aporta sus impuestos para conseguir maravillas como esta.
Uno de los 40 fallecidos en la tragedia ferroviaria en Adamuz (Córdoba) es Pablo, maquinista de Renfe del Alvia. Murió trabajando, tenía tan solo 28 años recién cumplidos y toda la vida por delante. Mi pésame a sus familiares, allegados y a sus compañeros ferroviarios. DEP.
Una fotografía de una fotografía. La imagen de Miguel Hernández proyectada sobre la celda de la prisión de Huelva donde estuvo preso. Pertenece al proyecto ‘Donde no habite el olvido’, uno de los trabajos de María Clauss, fallecida junto a su marido Óscar Toro en el accidente de Adamuz.
No se me ocurre otra manera mejor de honrar su vida que admirar su arte y cuidar de su memoria.
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