En el Día del Periodista quiero saludar especialmente a quienes viven esta profesión como un servicio y no como una herramienta de operaciones, extorsión o propaganda.
La Argentina necesita un periodismo que investigue, que pregunte, que incomode cuando haga falta. No periodistas que militen relatos mientras esconden la realidad que viven millones de argentinos todos los días.
Muchas veces lo más difícil no es decir la verdad, sino sostenerla cuando aparecen las presiones, las campañas de desprestigio o los ataques coordinados contra quien piensa distinto.
Lo sé bien. En este tiempo me tocó ver cómo algunos utilizan micrófonos y redes no para informar, sino para deformar, agredir y construir enemigos.
Pero también conocí periodistas valientes. Personas que, aun en medio de un clima cada vez más hostil, siguen trabajando con honestidad y respeto por la verdad. A ellos mi reconocimiento.
Siempre sostuve que una democracia sana necesita libertad de prensa, pero también responsabilidad. Porque informar no es manipular. Y opinar no debería significar destruir al que está enfrente. Las nuevas tecnologías interpelan al periodismo quizás como a ninguna otra profesión.
Utilizar esas herramientas con ética para subordinarlas al bien común, como escribió el Papa León XIV en su reciente encíclica Magnifica Humanitas, es un gran desafío de esta era y está en sus manos.
Como Presidente del Senado creo profundamente que las instituciones deben tener las puertas abiertas al periodismo y también a la ciudadanía. Por eso, en esta Casa de las Provincias nunca vamos a limitar el acceso de quienes cumplen la tarea de informar.
El Congreso de la Nación debe seguir siendo un ámbito de pluralidad, de diálogo y de convivencia democrática, aun en medio de las diferencias.