Hoy caminé por el casco antiguo de Madrid, descubrí una librería pequea con libros antiguos y tomé un café con un sabor increíble. Un día perfecto para explorar la ciudad.
Nos reímos hasta que nos dolieron las caras, recordamos los viejos tiempos y ahora ya estamos planeando la próxima cita. La amistad no tiene fecha de caducidad.