Adoro las amistades que no exigen constancia. Cada quien vive su vida, y pueden pasar semanas o meses sin hablar ni verse... pero la lealtad sigue intacta. Cuando se reencuentran, todo es como siempre: Bonito, natural, auténtico.
me gusta demasiado que me inviten a hacer algo los domingos, porque no debe haber nada mejor que esquivar el vacío existencial de un domingo a la tarde/noche