Un día, aparecieron cientos de miles de esferas brillantes en el cielo.
Flotaban silenciosamente, sin que las moviera el viento.
Sin cambiar de lugar.
Nadie las vio llegar.
De repente ya estaban ahí.
Tú y yo,
Sentados a un lado del abismo,
escuchando silenciosos la belleza de su silencio,
sintiendo nuestras rodillas rozándose,
ninguno con la intención de regresar.