Hoy he aprendido que la okupación también afecta al resto de inquilinos. Nuestros telefonillos no funcionan, la casera dice que no los pueden arreglar todavía porque hay vecinos con impagos desde hace mucho tiempo y la comunidad tiene que ahorrar más para arreglarlos.
Ahora viene la reflexión: este caballero tan amable se dirige a la Ciudad Condal a visitar a sus abuelos, que imagino, serán personas de riesgo. A lo mejor, ese "que me ajogooo" que le ha espetado a la azafata, le merece la pena si así cuida de su familia. O a lo mejor no.
Comparto mesa en el tren con una mujer, de unos treinta y tantos, cuarenta y pocos. Pequeña, delgada. Al sentarnos hemos cruzado algunas palabras, muy cordial y amable.
En la siguiente parada se han subido dos hermanos, chico y chica, van detrás de mi, cara a mi nueva amiga.
La pobre azafata ha temblado un poco, pero se lo ha dicho, el chico se ha puesto chulo, diciéndole que la llevaba bien e insultando a mi compañera. Un espectáculo.