Los terremotos en Venezuela desataron una aceleración y potencia salvajes.
Pero algunos repiten el mito de que "fue una fuerza que ninguna ingeniería en el mundo podía resistir, ni en Japón ni en Chile".
La realidad técnica es mucho más oscura: el sismo fue histórico, sí, pero lo que realmente causó la tragedia no fue un evento invencible, sino la debilidad de los propios esqueletos de concreto.
En imágenes como esta del vídeo se habla de asombro por el "colapso por corte de cabilla de pulgada", sugiriendo que el sismo rompió el acero más grueso.
Falso. Si se detalla la imagen, la edificación cayó por una falla humana letal: la ausencia de confinamiento.
En el diseño sismorresistente moderno (exigido por las normas venezolanas COVENIN desde hace décadas), las columnas deben tener estribos muy juntos (separados por apenas 10 centímetros o menos) en las zonas críticas donde se conectan con vigas o fundaciones.
Estos estribos (el acero transversal) son los "anillos" que envuelven y amarran a las cabillas verticales. Al faltar esos anillos, el concreto explota y la cabilla gruesa simplemente se dobla.
Esto es motivo de estudio global para la ingeniería forense y la sismología.
La devastación que aún no terminamos de dimensionar no es solo culpa de las placas tectónicas, es el resultado de una cadena de negligencias compartidas:
1) El abandono del gobierno chavista:
Falta de inspecciones, nula actualización de microzonificación de suelos y omisión en hacer cumplir las normas mínimas de construcción.
2) La negligencia privada/ciudadana:
Años de nulo mantenimiento estructural y alteraciones mortales (desde pesadas remodelaciones estéticas en fachadas, hasta la instalación de 1 a 4 tanques de agua de mil litros sobre losas que no fueron calculadas para ese peso muerto).
3) La naturaleza liberó una energía masiva y la guillotina estaba lista en las propias edificaciones para su colapso
Paula Carrevedo fue la primera argentina en darle la bienvenida a la Selección. La controladora aérea armó un sentido mensaje para los jugadores, antes de aterrizar en el país.
“Gracias por representar el espíritu argentino, por devolvernos la fe y hacernos creer una y otra vez, por unir a las familias, amigos e incluso desconocidos. Gracias por defender con honor la camiseta. No nos deben absolutamente nada. Para nosotros, ustedes siempre serán campeones, nuestros campeones eternos. Sean eternos los laureles que la Scaloneta supo conseguir. ¡Vamos, Argentina!”.