Una mujer sospechaba que su esposo le era infiel, ya que se iba por largos períodos de tiempo sin saber a dónde o con quién se veía.
Así que un día lo siguió y descubrió que en realidad él se iba a comer solo, así nomás… por una o dos horas no hacía otra cosa que disfrutar su comida y su soledad.
La verdad es que nadie habla de esto, pero muchos que hemos vivido en pareja alguna vez nos hemos ido a comer o al cine solos… incluso al parque o a tomar un café.
Y es que nadie habla del alivio que se siente al alejarse un rato de la relación y pasar tiempo con uno mismo. De tomar distancia del caos o los conflictos en casa. De pensar con tranquilidad y sin estar metido en el ambiente pesado de siempre.
Nos han hecho creer que está mal pensar en uno mismo y hacer cosas sin la pareja. Nos han inculcado sentir culpa por buscar estar bien.
Pero lo que no vemos es que ese espacio a solas no es evasión… es regulación natural cuando no se tienen otros recursos de manjar lo que se siente. A veces no te estás alejando de tu pareja, sino acercándote a ti.
Porque cuando no haces esa pausa, lo que llevas de regreso a casa no es calma… es irritación, desgaste y resentimiento acumulado, una bomba de tiempo a punto de explotar en cualquier momento.
Tomarte ese tiempo es una forma de cuidado. De bajar el ruido en tu cabeza y aplacar las emociones en tu pecho, para volver a casa más seguro, más tranquilo y menos reactivo.
Cuidarte de esa manera no es egoísmo.
Es una medida de salud emocional… para no convertir el hogar en un campo de batalla cada vez que algo se sale de control.
Reivindiquemos a esos hombres que se van a tomar un café o comerse unos tacos… para no salir corriendo de una relación que no está en su mejor momento.