Nada duele más que volver a verte en el mismo lugar del que juraste haber salido. Creías que ya habías sanado, que por fin estabas mejor, pero ahí estás otra vez, con las mismas heridas, sintiendo el mismo vacío y preguntándote cómo terminaste de nuevo en el punto de partida.
Hoy volví a llorar, lloré porque ya no puedo, porque todo duele, porque todo pesa, porque no se dónde irme, porque no sé cómo empezar, porque no sé cómo parar, hoy volví a llorar porque me ganó el miedo
Algo triste que he aprendido con el tiempo es que se puede extrañar a alguien todos los días y, aun así, seguir viviendo con normalidad. El cuerpo continúa, la rutina avanza, pero hay una habitación dentro de uno que ya nunca vuelve a abrirse, un lugar que queda sellado para siempre.