Yo intentando pasar la tarjeta de crédito por el aparatito del colectivo no solo define mi estado mental, si no también mi estado económico a estas alturas.
Es imposible la responsabilidad afectiva con la gente que recién conoces sin quedar como el típico imbecil que te pide que no te enganches y vos no te sabes ni el apellido. Ayuda
un día le contaré a mis nietos que hubo un presidente que pasaba sus días en tuiter enfrentando con sudor y lágrimas el mayor de los peligros: petisas que hacen música.