Otro fracaso histórico. Otra eliminación pesada en La Bombonera, la quinta en menos de 15 meses. Boca perdió sin luchar y se fue dando pena de una Copa que se empezó a regalar en diciembre del año pasado cuando, insólitamente, el presidente decidió ratificar a ¡Úbeda! como técnico para buscar la tan ansiada séptima Libertadores.
La primera fase se pasa caminando y luego vemos, habrá pensado Riquelme, acompañado por el "sí, Román" de aquellos que lo rodean desde hace años. Por desgracia, no fue así. A excepción de la impensada racha triunfal que se inició en el 3-0 ante Lanús y caducó en Santiago del Estero, Boca tuvo dificultades para ganarle a casi todos los rivales.
El 0-1 de hoy dejó en evidencia a todos. A Riquelme, obviamente. Al DT, por su alarmante incapacidad. Y a este plantel sin alma ni jerarquía que volvió a decepcionar al hincha. Por errores propios, expulsiones absurdas y lesionados, Boca se jugó la clasificación con Giménez (un 9 de escasos recursos), Romero (uno de los tantos caprichos de Riquelme), Velasco (una buena idea que terminó siendo un pésimo negocio) y Zeballos, que nunca dejó de ser el Changuito y nadie lo extrañará cuando deje el club. Lógicamente, con Cavani en la platea, el símbolo de estos tres años de sequía.
Con Paredes visiblemente disminuido desde lo físico y con el Mundial en el horizonte, Boca jamás pudo arrinconar a la Católica. La pelota quemaba y el golazo de Montes fue el principio del fin para un equipo que carece de reacción ante la adversidad.
El "Boca contra Todos" no es tal. El foco debería estar puesto en buscar soluciones y devolverle la grandeza a una de las instituciones más importantes del mundo. Más allá de algunos éxitos pasajeros, Boca no es Boca desde hace muchos años, tanto con esta conducción como con las anteriores. De Alianza Lima a Católica no se aprendió nada y estas son las graves consecuencias.
Con qué poco le bastó a Úbeda para que el equipo empiece a funcionar mejor. Hizo lo que probablemente se le pedía y su Boca es otro. Armó mejores sociedades en la mitad de la cancha, le aportó el diferencial de Aranda en el último tercio del campo y puso arriba a los dos mejores.
No tienen ni sentido los equipos que arma Ubeda. Explícame que te pueden dar Alarcón y Janson jugando en banda, y no solo jugando en esa zona, sino que siendo titulares.
No se ve funcionamiento y mucho menos jerarquía en Boca. Preocupa.
Es muy preocupante lo de Boca. Es un equipo sin alma, sin rebeldía y mucho menos con funcionamiento.
Panorama muy poco alentador de cara a futuro si Riquelme no toma cartas en el asunto.
Qué club Estudiantes. No le pesa nada estar en el ojo de la tormenta. Cada vez que tiene que demostrar de que está hecho, pone el pecho y suma de a tres.