En una época en la que todo parece ser efímero, artificial y acartonado, la hinchada de Boca ayer nos regaló un poco de aire fresco.
La jornada vivida ayer en el Estadio más mítico del mundo, nos teletransportó a 30/40 años atrás, en las que el folclore del fútbol argentino nos encandilaba con su color, pasión y caos organizado.
Serpentinas, papelitos, bengalas de humo, gastadas a la vieja usanza, banderas de palo. COLOR Y ALIENTO afuera, con BAILE ADENTRO. Lo genuino y caótico (como es Boca) siempre le va a ganar a lo aburrido, redundante y prolijo de la vereda de enfrente. Porque si hay algo que nos diferencia de ellos, es nuestro orgullo por lo que somos.
Solamente faltó una cosa: poder cantarles en la cara, que se iban al gallinero con el "corazón" roto. Como cada vez que pisaban La Boca con el pechito erguido y sus barbijos, y se terminaban yendo con la colita entre las patas.
Seguiremos exigiendo y luchando por la presencia de los hinchas visitantes, que es la verdadera esencia de nuestro fútbol.
Gracias Jugador Número 12 por, nuevamente, marcar la diferencia.