Todo el mundo se equivoca, todo el mundo cometere errores, todo el mundo hace daño alguna vez. Unas personas lo reconocen, se disculpan y cambian, y otras lo niegan. Eso es lo que marca la diferencia. El error te hace persona pero la capacidad para reconocerlo te hace humano.
Al final del día sólo soy yo en mi cuarto hablando con Dios y pidiéndole que por favor todo me salga bien, que me dé fuerzas para seguir, que me mejore mi vida y me ayude con todo lo que no le cuento a nadie y sólo él sabe.