Para los que son jóvenes. Hubo un programa de Por el Mundo al que Marley invitó a Flor Peña. Fue genuinamente gracioso. Vivían tentados. Lo repitieron varias veces, porque funcionaba. Entonces, hicieron un programa juntos. Arrancó haciendo reír, tanto como aquel viaje. Pero terminó, ya sin mucha gracia, arrancando muecas nostálgicas, más propias del pacto televisivo que del guión en sí.
Cada tanto buscan reeditar aquello. Actúan de reirse ellos dos solos. Se muestran tentados, fuerzan los chistes, se hacen los idiotas como si no lo fueran, exponen a sus hijos y no consiguen imponer su idea.
Así, construyen este tipo de programas, buscando hacerse la Susana Giménez sin frescura, imitando a la señora común que no entiende bien de lo que habla.
Hoy Florencia Peña tiró una fruta al aire. Cierta o no, una desubicación propia de la falta de sentido común, responsabilidad y respeto, nulidad de tacto y equipo periodístico, de línea editorial y de conducción del medio.
Y habrá que joderse, porque nunca pasa nada.
Los fundamentalistas del cooling break argumentaban que estaba bueno porque podías escuchar/ver las indicaciones del técnico. Ahora directamente cortan la transmisión para pasar publicidades. Que horror.
Nuestros periodistas deportivos (los que sí se recibieron en universidades, no influencers y esas cosas) dan vergüenza ajena hablando inglés. Y más cubriendo mundiales o Juegos Olímpicos, en países donde se habla otro idioma que no sea el nativo.
Cuando tu mamá se encerraba a hablar media hora con tu tia, te metia adentro con ella y tenias que hacer silencio mientras te entretenias con el cable.