Amar a alguien no significa…”salvar a alguien”.
En muchas relaciones existe un acuerdo silencioso: uno tolera, explica, espera y compensa; el otro promete, aplaza y aprende que siempre habrá una nueva oportunidad.
Así, sin darse cuenta, ambos sostienen el mismo problema.
Ser pareja no es rescatar.
Perdonar no es facilitar.
Comprender una herida o su pasado no significa justificar una conducta repetitiva que te hace daño.
El cambio verdadero no se demuestra con disculpas, sino con decisiones: reconocer el daño, buscar ayuda, modificar hábitos y reparar lo que se ha deteriorado.
Si quieres una relación sana a largo plazo, ya no esperes, ya no solo escuches lo que promete, observa si está cambiando.
Porque las promesas te tranquilizan por unos días, pero sus frutos se revelan con el tiempo.
El amor sano no te pide que abandones a alguien ante la primera dificultad, pero tampoco te exige perderte para evitar que el otro enfrente su responsabilidad.
Principio de Vida #7: Los momentos sombríos durarán solo el tiempo necesario para que Dios lleve a cabo su propósito en nosotros.
Lo que el mundo quiso usar para mal, Dios lo transformó y lo usó para bien.