A mí me dijeron que no iba a terminar ni la ESO. Hace poco hice las prácticas del máster en el centro y me preguntó si venía a recoger el título...Cuando me vio sentada en el claustro de profesores y me presentaron se le cambió la cara. Me miró y le guiñé el ojito 😉 el título...
Lᴏ ᴏ̨ᴜᴇ ᴏ̨ᴜᴇᴅᴀ ᴅᴇ ᴍɪ́
Siempre pensé que lo importante era lo que ganaba, lo que sumaba, lo que tenía entre las manos. Hasta que entendí que lo que realmente me define es lo que he perdido.
Cada ciudad en la que viví se llevó algo de mí. Un adiós sin vuelta atrás, un amor que no supo quedarse, una amistad que se diluyó con el tiempo. Dejé risas en cafés donde ya no me esperan, lágrimas en estaciones de tren, promesas en bocas que ya no pronuncian mi nombre.
Cada persona que pasó por mi vida me enseñó algo, incluso aquellas que solo estuvieron para irse. Me dejaron con menos miedos o con más cicatrices. Me enseñaron a soltar, a entender que no todo tiene que durar para ser real.
Y aquí estoy. Soy lo que queda después de todo eso. Lo que resistió, lo que aprendió a seguir adelante, lo que sigue brillando aunque a veces parezca que ya no queda luz. No soy lo que tuve, soy lo que sobrevivió después de perderlo.
Sé que, siendo profe, lo que voy a decir a continuación es equivalente a inmolarse.
Pero otra compañera agredida (más) y un alumno sumido en una crisis de ansiedad es motivo como para no callarme: