Aprendan a ser exclusivos en la vida, no por arrogancia, sino por sabiduría. No se dispersen en todos los rincones ni permitan que cualquiera que cruce su camino tenga acceso a tu espacio interior. Su tiempo, su energía, su esencia, son tesoros que merecen ser guardados con esmero. Ser selectivo no es cerrarse al mundo, sino cuidar de su propio jardín, regándolo solo con lo que realmente nutre y florece. No todos tienen las mismas intenciones que tú, ni todos caminan con la misma luz.