Ni los vuelos trasatlánticos ni la comunicación instantánea nos disuaden de querer devorar la realidad vorazmente. No señor, la paciencia es para los muertos. Pero la humanidad ignora que el cadáver es ella, los siglos buitres, las horas huesos y los segundos, polvo.
En boca de todo el mundo se concentra el fétido emporio de gran variedad de diminutos animalillos fantásticos, cavernas putrefactas y la constante sedimentación de los fluidos agrios que lo envuelven todo.
¡No dejemos que llegue el estruendo más horroroso de todos! Recubrámoslo con la música de fondo, la charla simplona de quien sea, la distracción del intelecto, el desplazamiento rápido y furioso de una imagen imbécil tras otra. ¡Que el flujo de los hechos discurra veloz!