Nueva ENCUESTA DE ATLAS
Abelardo 50.3%
Cepeda 42.6%
No bajemos la guardia, cuidemos cada voto y consigamos más
Colombia no puede irse al abismos con Ivan Cepeda
🚨 DENUNCIA PÚBLICA 🚨
La esposa de Iván Cepeda, Blanca del Pilar Rueda Jiménez, trabaja en la JEP y gana más de $21 millones de pesos mensuales. Iván Cepeda, como senador, gana más de $51 millones de pesos. En total, los colombianos les pagamos más de $72 millones de pesos mensuales a la familia Cepeda.
Sin embargo, revisada la información pública disponible, no se evidenciaría el cumplimiento de las obligaciones establecidas en la Ley 2013 de 2019, relacionadas con la publicación de la declaración de bienes y renta, declaración del impuesto de renta, declaración de conflictos de interés, declaración juramentada y demás información exigida por la ley.
Los petristas hablan de transparencia, pero solo es de dientes para afuera.
¿Cómo les pareció la actitud de Abelardo De La Espriella con Malú en la entrevista de Noticias Caracol?
❤️ Fue grosero y se equivocó.
🔄 Lo hizo bien, estuvo firme.
@ElGatoArceArce Alvarez tuvo las ocasiones que Lucho tuvo en el segundo tiempo para liquidar al Madrid. Lo dejaron vivo, ojalá no les cueste la clasificación.
La madre de M. Ghorbani, el adolescente de 18 años ejecutado por el régimen iraní de los Ayatolas por el grave delito de manifestarse pacíficamente contra ellos, llora su desconsuelo abrazada a las ropas de su hijo.
Ese régimen criminal no puede irse de rositas. Por la seguridad del mundo hay que acabar con ellos, pues son capaces de todo
Soy víctima de la actual vicepresidente de la Comisión de Derechos Humanos del Senado de Colombia.@SandraComunes En repetidas ocasiones, me obligó a desfilar en ropa interior frente a criminales pedófilos que hoy son congresistas , mientras me apuntaba con un fusil a la cabeza. En uno de esos episodios, @CatatumbComunes me violó, horrible, cuando yo solo tenía 12 años. Esta es la verdadera hoja de vida de quien hoy ocupa ese cargo de vicepresidente 👇.
Mi papá me llevaba al colegio todos los días.
No hablábamos mucho.
Él manejaba.
Yo iba mirando por la ventana.
De vez en cuando preguntaba si llevaba tareas.
O si necesitaba dinero.
O si iba a salir más tarde.
Nada más.
Yo crecí pensando que esos trayectos eran puro trámite.
Años después, cuando empecé a trabajar, entendí lo que costaba levantarse temprano.
Lo que pesaba manejar cansado.
Lo fácil que era delegar ese tipo de cosas.
Pero él nunca delegó eso.
Ni una vez.
Cuando se jubiló, lo noté más callado.
Más lento.
Más como si le sobraran horas.
Un día, conversando de nada, me dijo:
—La mejor parte de mi día era llevarte al colegio.
Me reí.
Pensé que exageraba.
Él negó con la cabeza.
—Era el rato que sabía que todavía eras mío.
Sentí algo raro en el pecho.
Porque para mí habían sido viajes mudos.
Repetidos.
Olvidables.
Y para él eran despedidas pequeñas que yo ni siquiera sabía que estaba viviendo.
A veces uno recuerda solo lo que faltó.
Y se le olvida mirar todo lo que el otro sí hizo…
aunque nunca supo adornarlo con palabras.
@Marcela252016 Como están las cosas es mejor no llevarla. Luego lo demanda o dice que le tanqueaba diariamente el carro y tiene derecho al carro cuando lo venda.