Soy un árbitro honesto y honrado.
Son los años 2000 y llevo un par de temporadas arbitrando en Segunda División. Soy un árbitro discreto y del montón.
Pero un día, un colega me hace una confidencia.
—Si haces los cursos de coaching que imparte el hijo del vicepresidente, te ayudará a ascender.
Me informo. Pago y sigo los cursos. Al fin y al cabo, si mi colega dice la verdad, la inversión se amortizará rápidamente.
Mis informes arbitrales no son especialmente buenos, pero al final de la temporada llega la sorpresa: recibo una llamada.
Es «él». La mano derecha del presidente.
A Primera. Me felicita y me pregunta si sé lo que es «la familia».
Llevo media decena de partidos en Primera y, poco después, me designan para mi primer gran partido: el Camp Nou.
Suena mi teléfono.
—Fui tu coach, ¿recuerdas? También hago de chófer. Voy a recogerte al aeropuerto, si te parece. Ah, y es gratis.
—Genial, vale —respondo.
Me quedo pensando: ¿por qué es gratis? ¿Quién lo paga? No importa.
Llega el día del partido. El hijo del vicepresidente viene a buscarme a la hora prevista. Conoce muy bien Barcelona.
—Vamos a parar en un bar —me dice durante el trayecto.
Allí está su padre. Lleva casi veinte años en el Comité.
—Confío en ti. Desde siempre. Con Victoriano hicimos lo necesario con el índice para que subieras a Primera. Eres muy bueno, así que no me decepciones. ¿Juegas al póker?
Nos hacemos una foto. Me cuenta mil historias.
Subimos de nuevo al coche con Javer, dirección al estadio.
—El Barça se juega mucho. Sabes lo que tienes que hacer —me dice.
Llegamos al estadio. Baja también del coche y me acompaña hasta los vestuarios. Saluda a todo el mundo. Todos le conocen.
—Fui jugador del filial y ahora juego con los veteranos —me explica—. También colaboro con el club, haciendo informes arbitrales, pero esto se queda entre nosotros. No te he dicho nada.
Me deja delante de la puerta de los vestuarios.
—Tranquilo y que tengas un buen partido. Nos vemos luego.
Tengo mil pensamientos en la cabeza de todo lo que ha sucedido, pero no hay tiempo. Tengo que concentrarme. Me preparo, salgo al terreno de juego y empieza el partido.
Minuto 3.
Jugada polémica en el área del Barça. Parece penalti.
No sé.
No pito.
No, no era penalti.
¿O sí?
Al terminar el partido vuelvo a mirar la jugada. Era penalti. Bueno… interpretable.
Espero que el Comité piense lo mismo y no sea demasiado riguroso.
Obtuve una buena nota.
Pasan un par de semanas.
Champagne.
Me han designado para la semifinal de Copa.
Es una buena noticia. Estoy en buen camino para seguir en la élite. Tengo una hipoteca. Debo mantenerme en Primera.
Veinte años han pasado. Varias temporadas en Primera. Mi gran recuerdo profesional es el día en que me nombraron árbitro internacional y llegué a pitar unos octavos de final de la Europa League.
Pero lo más importante está en el plano personal. Terminé de pagar la hipoteca de mi casa y pude cubrir todos los gastos de los estudios de mis hijos.
Un día, cenando con unos amigos, uno de ellos me pregunta:
—¿Has oído lo de la SER? ¿Lo de Negreira? El Barça ha pagado siete millones al vicepresidente de los árbitros, y su hijo estuvo acompañando a los árbitros hasta hace nada y dando cursos.
Me quedo perplejo. No me lo puedo creer. De repente, me vienen mil recuerdos a la cabeza: los cursos, aquella llamada, los acompañamientos, el bar, las notas, las concentraciones… Me quedo pensando si hubo insinuaciones.
—¿Has oído la noticia? —me pregunta mi amigo, interrumpiendo mis pensamientos—. ¿Hubo algo raro?
Miro a mi amigo y le respondo:
—A mí nunca me han dado instrucciones. Y puedo poner la mano en el fuego por que ningún árbitro ha recibido dinero.
Soy un árbitro honesto y honrado.
1) ¿Cómo va a ser una estafa si los propios presidentes del FCB defienden que se pagaron esas cantidades por informes y que, si los pagos aumentaron, fue porque hubo más scouting al incrementarse las competiciones o porque el Barça B subió de categoría?
2) Negreira fue miembro del Comité de Designación y de la Comisión de Disciplina; vocal de designación durante sus primeros diez años y, además, vicepresidente de los árbitros durante veinticinco años. Era mano derecha y hombre de confianza de Sánchez Arminio. Revisaba los informes y puntuaba a los colegiados. Alguna importancia tendría.
3) Los pagos —que empezaron en la etapa de Núñez— están acreditados desde 2001 hasta 2018, no solo durante las cuatro temporadas de Pep. La Juve también tenía un equipazo y sabemos lo que sucedió; ese mismo argumento lo utilizó Luciano Moggi. Cuando tenían un mal día, una ayudita no venía mal. Durante ese periodo, el RM ganó más Champions que el mejor Barça de la historia.
4) ¿Qué hacemos con la declaración de Negreira ante la AEAT, en la que afirmó que el FCB le pagaba para «asegurarse de que no se tomaban decisiones arbitrales en su contra; es decir, que todo fuera neutral»? ¿Con la correlación temporal entre el cargo y los pagos; los burofaxes; el uso de empresas interpuestas; lo del Aloe Vera; o con las declaraciones de exdirectivos como Albert Perrín y Toni Freixa, quienes afirmaron que la decisión de mantener los pagos desde el inicio (en 2003) se tomó por el «temor de que, si no lo hacían, el FC Barcelona pudiera resultar perjudicado arbitralmente»?
Tiempo de Revisión… Tiempo de relato
En Tiempo de Juego el CTA volvió a hablar.
Y cuando el CTA habla, nunca arbitra.
Se justifica.
Explica por qué una patada no es una patada.
Por qué un penalti depende de la intensidad.
Y por qué la intensidad depende, al final, de quién la sufre.
Caso Vinícius.
Otra vez.
Controla el balón.
Se va solo.
Y recibe una patada clara.
No es roce.
No es disputa.
No es contacto residual.
Es una patada que le impide seguir.
Pero el CTA dice que no es penalti porque entra “en el ámbito de la interpretación”.
Y como es interpretación, el VAR no debe intervenir.
Magnífico.
Porque con ese criterio, todo es interpretable.
La patada.
La caída.
El desequilibrio.
Y, si hace falta, hasta el reglamento.
El CTA no analiza la jugada.
Analiza el contexto.
Y el contexto, casualmente, siempre es el mismo.
Si la jugada es clara, es interpretación.
Si no es clara, también.
Si beneficia al Madrid, se revisa.
Si lo perjudica, se justifica.
Esto no va de Vinícius.
Va del método.
El método CTA consiste en convertir el VAR en un escudo narrativo:
sirve para corregir errores
o para justificar que no se corrigen.
Según convenga.
Y mientras el CTA explica en Tiempo de Juego por qué una patada no merece revisión,
Javier Tebas aprovecha para reescribir el relato.
Lo dicen Tebas.
Lo repite Medrano.
Su argumento es que el Real Madrid se personó el último.
Y lo dicen con una ligereza asombrosa.
Porque el Real Madrid fue el único club de LaLiga que se personó en el procedimiento penal.
El único.
Ni Atlético.
Ni Sevilla.
Ni Villarreal.
Ni Betis.
Ni ninguno más.
Mientras unos daban ruedas de prensa,
el Madrid asumía riesgos procesales.
Mientras otros construían relato,
el Madrid hacía preguntas a Laporta.
Pero claro, es más cómodo hablar del orden de llegada
que explicar por qué el abogado de LaLiga solo hizo una pregunta,
o por qué la abogada de la Federación, miembro de la junta directiva, no hizo ninguna.
Para Tebas lo que importa es el relato.
Ese que los medios de comunicación que riega con dinero de los clubes puedan propagar.
Aunque sea tan absurdo como acusar de pasividad al Real Madrid por personarse el último,
cuando la mayoría de los clubes no llegó nunca.
Todo encaja.
El CTA explica lo inexplicable.
LaLiga reparte carnés de credibilidad.
Y el relato intenta tapar los hechos.
Pero los hechos son tercos.
Una patada sigue siendo una patada.
Un penalti sigue siendo un penalti.
Una personación sigue siendo una personación.
Que dos acusaciones particulares no hagan preguntas a un testigo
es pasividad.
Y si esas acusaciones representan a las instituciones del fútbol español,
la RFEF y LaLiga,
simplemente es una vergüenza.
Y esa vergüenza tiene dos nombres:
Javier Tebas y Rafael Louzán.
Por mucho que se interprete.
El mayor misterio del Barsa-Negreira ya no es saber cómo influían en los arbitrajes sobornando a Negreira con sumas millonarias a lo largo de los años, está bastante claro que el vice del CTA tenía poder para condicionar sus carreras, lo que no conocemos aún es qué coño pasó
📹 Vídeo de DENUNCIA del SALDO ARBITRAL entre el REAL MADRID y el BARCELONA tras el partido de ayer.
¿Tenemos claro que hay un NEGREIRA 2.0?
¿O es que ya todos los ÁRBITROS nos tienen MANÍA?