"Si vuelvo alguna vez por el camino andado no quiero hallar ni ruinas ni nostalgia. Lo mejor es creer que pasó todo como debía. Y al final me queda una sola certeza: haber vivido".
Hay gobierno.
Hace casi cuatro meses los españoles salimos a votar pensando en España. Pero no de la manera en la que algunos piensan en España, obsesionados con sacar la bandera y gritar muy fuerte su nombre contra otros españoles a los que odian. España no se defiende así.
Su problema es que odian a nuestros artistas, nuestro cine, nuestro teatro. Odian todos los idiomas que hay en España que no sean el castellano. Odian a las feministas. Odian a los rojos (y a todo aquello que decidan arbitrariamente que es «de rojos»). Odian a los inmigrantes, a los pobres, a los gais, a las lesbianas, a las personas trans. Odian a los ecologistas, a los republicanos, a los sindicalistas. Los odian a todos excepto a sí mismos. Y así no puedes gobernar un país tan grande y diverso como España. No puedes gobernar un país odiando a la mitad de su gente. Solo puedes vivir en un eterno pataleo estéril contra tu propio país que no te lleva a nada más que a la frustración.
Por eso nosotros salimos a votar pensando en España, pero en la de hoy, no en la de hace 80 años. Salimos a votar pensando en salvar a España de los que censuran obras de teatro y películas infantiles. De los que arrancan banderas LGTB allá donde gobiernan. De los que se niegan a subir el salario mínimo. De los que le perdonan los impuestos a los más ricos. De los que solo saben solucionar los problemas de España a golpe de porra y cárcel. Salimos a votar pensando en un país que amamos con locura y que estamos hartos de que nos intenten arrebatar constantemente. Salimos a votar, y lo conseguimos. Hoy la España que no odia respira tranquila.
Lo que Coronado quiere decir es que no ha entendido nada y que tiene miedo. Pero ese miedo no es culpa del feminismo, sino suya. Por vago. Porque ponerse a la defensiva es más cómodo que ponerse en el lugar de las mujeres e intentar entender el por qué de su lucha. Y lo peor de ser un vago es que al final quedas en ridículo porque alguien tendrá que venir a explicarte, como si fueras tonto, que ceder el paso a una mujer no es ninguna agresión sexual, Jose. Y que cuando pones ese ejemplo das muy mala imagen. Visto desde fuera parece como que, al haber escuchado por la tele que ya no se puede disponer del cuerpo de la mujer a tu antojo, no entiendes el manual de instrucciones de ese aparato, te enfadas y estás dando golpes frustrado. Y es una pena que un tipo tan majo y buen actor, por vago, vaya dando esa imagen.
Lo repetiré una y mil veces, sobre todo en honor a la memoria de mi hermana:
El cáncer NO es una lucha.
NO pierden una batalla.
El cáncer es una enfermedad que mata y necesitamos más recursos para la investigación y más acompañamiento psicológico.
Cambiad el discurso de una vez.