Acabo de ver a un hombre abrirle la puerta del coche a su esposa y ella sonrió como siempre. Me hizo darme cuenta de que el romance no es color de rosa. Es constancia. Es que te cuiden sin tener que pedírselo.
No se puede regalar cientos de millones de euros a países tercermundistas para infraestructuras, cuando las de tu propio país son todavía más tercermundistas.
Estamos gobernados por corruptos, ineptos e hijos de puta.
Hay un apagón general, pero el Gobierno no tiene nada que ver.
Descarrilan trenes, pero el Gobierno no tiene nada que ver.
No hay viviendas, pero el Gobierno no tiene nada que ver.
El trabajo es precario, pero el Gobierno no tiene nada que ver.
Pagamos la mitad de lo que ganamos en impuestos que no ven compensado ese gasto en infraestructuras y servicios, pero el Gobierno no tiene nada que ver.
Convirtiéndonos a una velocidad de vértigo en tercer mundo.
Qué ganas de que existan gestores competentes. Que lleven la camiseta del color que quieran, pero que hagan de este potencial paraíso un lugar donde uno no viva temblando por qué va a ser lo siguiente