ORACIÓN MILAGROSA POR PROSPERIDAD EN MI HOGAR 🙏
Amado Dios, hoy me acerco hasta Ti con un corazón lleno de fe para poner mi hogar en Tus benditas manos. Gracias por la familia que me has regalado, por el techo que nos protege, por el alimento que llega a nuestra mesa y por cada muestra de Tu amor que, día tras día, sostiene nuestras vidas. Todo lo bueno que tenemos viene de Ti, y por eso hoy quiero honrarte y darte gracias.
Padre bueno, derrama Tu bendición sobre esta casa. Que en cada habitación habiten la paz, la alegría, la salud y el amor. Que nuestras palabras construyan, que nuestros corazones aprendan a perdonar y que cada día encontremos nuevos motivos para sonreír y compartir en armonía.
Señor, bendice también el trabajo de nuestras manos. Inspíranos, danos sabiduría para tomar buenas decisiones y abre puertas de oportunidades que nos permitan crecer con honestidad y tranquilidad. Que nunca nos falte el pan de cada día, que nuestras necesidades sean suplidas y que podamos vivir con la hermosa certeza de que Tu provisión siempre llega en el momento perfecto.
Haz que en este hogar florezcan los buenos sueños, las nuevas oportunidades y los proyectos que nacen con esfuerzo y esperanza. Multiplica nuestras fuerzas, nuestras capacidades y todo aquello que ponemos en Tus manos. Que la prosperidad que venga de Ti nos permita vivir con dignidad, ayudar a quienes lo necesitan y ser de bendición para muchas personas.
Padre amado, llena esta casa de Tu presencia. Que cada nuevo amanecer renueve nuestra fe y que cada noche podamos descansar con un corazón agradecido. Enséñanos a valorar lo que tenemos, a administrar con sabiduría cada bendición y a confiar siempre en que Tus planes son mejores que los nuestros.
Hoy declaro, con fe y esperanza, que mi hogar será un lugar donde abunden la paz, el amor, la unión, la salud y las oportunidades. Creo que Tú estás haciendo cosas hermosas en nuestra vida y que Tu favor seguirá acompañándonos en cada paso que demos.
Gracias, Señor, porque escuchas esta oración. En Tus manos pongo mi hogar, mi familia y nuestro futuro, con la certeza de que quien construye su casa sobre Tu amor siempre tendrá un fundamento firme y una esperanza que nunca se apaga, Amén 🙏🍂✨
Yo voté por Petro muchas veces, y si termina en la cárcel y se demuestra que es culpable, pues que se pudra allá. Mal no me voy a sentir.
Uds votaron muchas veces por Uribe, se le demostró todo y aún así siguen votándolo y admirándolo.
El bobo no soy yo.
Si está siendo constreñido para votar por Espriella y le exigen presentar foto del voto, tómela y luego destruya el tarjetón, diga que cometió un error, solicite al jurado un nuevo tarjetón y vote a conciencia.
¡Cójale la plata al tigre y vote por Cepeda!
Job no recuperó su vida anterior; recibió una nueva.
Dios no solo le devolvió lo que había perdido, sino que reescribió su historia y le dio más de lo que tenía antes.
Hay dolores que nunca tendrán una explicación, pero sí tendrán redención. No pienses que debes conformarte con menos solo porque has pasado por más. Si no es mejor que tu primera porción, no lo aceptes, porque no viene de Dios.
Dios dijo que te dará el doble por tus problemas. Te restaurará siete veces más. Hará mucho más abundantemente de lo que puedas pedir o imaginar.
Así que cuando Dios quite personas, quite cosas o quite comodidades, no entres en pánico.
Espera algo mejor. Espera más.
Porque cuando Dios cierra una etapa, muchas veces está preparando una bendición mayor de la que puedes ver en este momento.
El que reza es consciente de sus propios límites, no mata ni amenaza con la muerte. En cambio, está sometido a la muerte quien ha dado la espalda al Dios vivo, para hacer de sí mismo y de su propio poder el ídolo mudo, ciego y sordo (Sal 115,4-8), al cual sacrificar todo valor y pretender que el mundo entero se doblegue ante él. ¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra! La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida. #Paz
Dijo una vez Jason Momoa: “No necesito más que una tabla de surf, una parrilla, y la gente que amo cerca. No me interesa la fama, los trajes caros o los autos de lujo. Prefiero trepar un árbol, ver el atardecer y tomarme un whisky en la playa. Mi riqueza está en mi vida simple. Porque al final del día, lo que realmente importa no se compra.”
A los 39 años todavía tenía que revisar mi cuenta bancaria antes de invitar un café. No era un “artista joven y bohemio” con todo resuelto; era un actor luchando por abrirse paso. Pasé años sirviendo mesas en Nueva York mientras iba de audición en audición, tratando de que mi carrera despegara.
Mi camino fue largo. Iba de Nueva York a Los Ángeles y de regreso, buscando oportunidades, haciendo castings, recibiendo rechazos. Año tras año escuchaba que no encajaba, que era demasiado esto o muy poco aquello. A veces, ser latino en esta industria hacía todo aún más complicado.
Hubo momentos en los que pensé seriamente en rendirme. Me preguntaba si tenía sentido seguir persiguiendo un sueño que parecía tan lejano. Después de tantos años sin resultados, sentía que tal vez ya era demasiado tarde para mí.
Viví muchas noches de duda, de cansancio, de preguntarme si debía soltar esa ilusión. Había muchas razones para hacerlo: la incertidumbre, el dinero, el miedo al fracaso. Pero algo dentro de mí no me dejó parar.
Con el tiempo, sin darme cuenta, todo empezó a cambiar. Llegaron las oportunidades, los proyectos grandes, el reconocimiento. Mi rostro apareció en pantallas de todo el mundo y mi carrera tomó un rumbo que jamás imaginé.
Hoy entiendo que el éxito no tiene horario. No existe eso de “llegar tarde”. Cada quien tiene su propio ritmo, su propio proceso, su propio momento.
Si el triunfo hubiera llegado demasiado pronto, quizá no habría sabido sostenerlo. Llegó cuando ya sabía quién era, cuando había aprendido a resistir, a caer y a levantarme sin perderme.
Si hoy sientes que vas atrasado, que la vida se te está escapando, recuerda esto: tu historia no ha terminado. A veces, los caminos más largos forman a las personas más fuertes.
Apenas estás en el segundo acto.
Pedro Pascal