Volvamos al video, que es que es un cachito perfecto de esta España devoradora de sus hijos.
La señora, muy molesta, porque "se va a tener que levantar" (voy a tener que ejercer aquí mi autoridad), porque "como me den un pelotazo...".
La probabilidad de que una pelota se chute fuerte y le de en las gafas a esa señora es muy baja, es muy posible que la pelota simplemente se desvíe y caiga cerca de su silla. Pero ella ya baraja la posibilidad de acabar en el hospital.
Luego, como buen maltratador psicológico, dice que a ella lo que le molesta es que se pongan cerca. "Que se vayan lejos no me importa". Esto, por la experiencia de los últimos 6 años, sabemos que es completamente falso; si existe el conocimiento de que eso está prohibido, llegarán a llamar a la policía aunque los que juegan no molesten a nadie.
"A la playa se viene a estar a gusto". A gusto suyo, claro. A la playa se va, por imposición, a estar "a gusto", sentado, sin moverse. Cualquier otra actividad es estar a disgusto, incómodo, y por tanto debe ser sancionable o como mínimo reprochable.
18 pelotas han requisado en 2 días.
Esto significa que los recursos de la policía municipal esos dos días han sido destinados a requisar pelotas de playa casi una veintena de veces. Mañana y tarde.
La ordenanza municipal que prohíbe jugar a la pelota, dice el policía, lleva "muchos años" vigente. La multa llega a los 750€, medio sueldo de un español joven si es que cobra algo. Teniendo en cuenta que es Cádiz, 750€ a una juventud mayoritariamente en paro o trabajando en B. Una juventud precaria que no tiene permitido divertirse en un espacio público.
Las opiniones populares:
"Es que tenemos un descontrol horroroso y son buenas las restricciones". Hay que controlar. Las pelotas de playa. Jugar a la pelota. Eso es un descontrol y hay que controlarlo y restringirlo.
"Me parece una barbaridad" y "me parecen exageradas".
Dos personas que son más o menos normales.
Para finalizar, el reportero explica resumiendo que está perseguido con multa jugar a la pelota y procede a... jugar con la pelota lanzándola al aire peligrosamente sin tener en cuenta que puede darle a la señora en las gafas y mandarla al hospital. Está incumpliendo la ordenanza municipal y la policía municipal de Cádiz debería multarle. Por algún motivo no lo ha hecho.
Esto no lo han visto venir; José Luis Rodríguez Zapatero adopta la mayor medida de transparencia vista jamás en España en una causa parecida.
El expresidente ha presentado ante la Audiencia Nacional una autorización universal voluntaria para que pueda constatarse la inexistencia de sociedades, dinero, productos financieros o cualquier activo con titularidad directa o indirecta.
Eso es en la práctica darle la llave al juez de todas sus cuentas y activos para que pueda revisarlos libre e ilimitadamente sin requerir una orden judicial para ello.
Esta decisión de Zapatero ha cogido por sorpresa y con el paso cambiado al juez, la fiscalía y a las acusaciones. Nunca antes en España se había visto un acto de transparencia tal y el golpe de efecto es muy contundente porque ¿Quién permitiría trazabilidad completa a todo su patrimonio si tuviera algo que esconder?
No solo no se ha negado a contestar las preguntas del juez como los medios carroñeros habían filtrado (y que hubiese estado en su pleno derecho de hacer), sino que además ha predicado con el ejemplo demostrando el por qué se le ha considerado como un faro de la transparencia por parte de la izquierda nacional.
Por parte de la acusación ultra ninguna sorpresa, han solicitado cárcel preventiva, desean verle en la cárcel, como deseaban ver a David Sánchez y a Begoña Gómez, por la que han solicitado penas superiores a un homicidio doloso.
De momento retirada de pasaporte y cita quincenal (al final el juez lo ha desestimado) quedando emplazada una segunda declaración en un plazo de 10 días para aportar la documentación de las joyas.
Tras ver el repaso de la Directora de la Guardia Civil ayer en el Senado a los elefantes del cementerio popular, a la defensa de Begoña Gómez repartiendo al juez Peinado, y hoy este giro no esperado con la mayor muestra de transparencia de un imputado en la historia democrática de este país… más que Vía Crucis socialista a la derecha se le empieza a poner cara de Cuaresma.
Mientras algunas ratas saltaban del barco de la izquierda nacional, algunos nos mantuvimos firmes porque la confianza a los nuestros se la sostiene hasta el final.
Vía 👉🏻 Álex López
Ya no se puede jugar al fútbol en las playas.
Ya no se puede jugar al fútbol en los parques.
Ya no se puede jugar al fútbol en los recreos del colegio.
Luego las mismas personas que lo prohíben gastan millones en campañas para que los peques se alejen de las pantallas. Ridículo.
Nada que no digamos semanalmente en tw fachita: país de viejos, para viejos, prohibido ser joven, literalmente prohibido ejercer la juventud, prohibido divertirse, dotación policial antipelotas de playa, caballero caballero hay sanción de medio sueldo.
#ÚltimaHora 🔴 La deuda de la Seguridad Social crece en 10.000 millones en un año pese a las transferencias del Estado, un 8% más https://t.co/lt1XpE4Xnt
Buckle up kids.
Ocarina of Time isn’t just the best N64 game, or the best 3D game, or even the best video game ever made. It’s the best piece of media, and therefore art to exist. Not an exaggeration. It comfortably clears The Beatles, The Godfather, and The Mona Lisa.
While some may argue it’s overrated, or that they prefer other Zelda games, I’m here to tell you it’s better than Mozart. Better than Citizen Kane. Better than Picasso.
Great songs, films, stories, paintings, and other works are great because they guide you to a special feeling. Maybe a familiar feeling, or maybe a new feeling altogether. But even more so when you’re deeply immersed in the piece. Like listening to a whole album in headphones, or when you can’t put that one book down.
Video games have a distinct advantage in this regard. By making you an active participant, you’re inherently immersed. You don’t have to get lost in it. You’re in it. You’re not listening to the background music. They’re playing YOUR theme. Your favorite character didn’t succeed. YOU did.
The Legend of Zelda: Ocarina of Time takes advantage of that intense immersion more boldly and to greater effect than any other game by far. You might even just call it a “vibe”. It’s all the little things that amount to something indescribable. It’s the one game I can confidently say is more than the sum of its odds. One can write a million songs, or a million books, or make a million video games and never strike oil like that. When it happens, it just happens.
And it’s not about nostalgia, or vintage-loving hipster nonsense. You don’t need to have played it as a child, or even play video games to have this experience. Just play it. Get stuck? Look it up. Drown out the drama and other people’s opinions. There’s something truly magical about it, and that’s why the remake is so deserving of all this hype. I say that as someone who completely rejects the reboot/remake slop we’ve been getting for over a decade. This is the exception.
Without an ounce of sarcasm, preserving Ocarina of Time should be Nintendo’s number one priority. It should be released on every console they sell, day one. Their controllers should be designed specifically to play it. The story should be taught in english class, and the dungeons should be used to teach problem solving skills.
It’s nice for the fanbase to enjoy different entries in the series. That’s great, but Ocarina of Time will be culturally and historically relevant long after the concept of a “video game console” has been forgotten. It will continue to fascinate and inspire awe for generations.
Something that keeps getting left out of this conversation is that the Baby Boomers prospered so well in part because governments borrowed trillions against the future earnings of Gen X and the Millennials to finance benefits for boomers and past spending.
As a result, a significant portion of what many Boomers view as wealth creation and economic success now has to be paid by later generations.
Much of what they see as earned prosperity was made possible by a system that stole from the future, leaving Gen X and Millennials to bear a substantial share of the burden.
Pues al final han conseguido lo que querían: que Jon González se fuese de Twitter. No les gusta el debate porque no tienen argumentos.
No supieron rebatir ni un solo dato sobre pensiones, vivienda o fiscalidad. No corrigieron una serie, no impugnaron una metodología, no presentaron un cálculo alternativo. Se limitaron a hurgar en la biografía hasta encontrar la palabra mágica con la que ahorrarse el trabajo intelectual de pensar. Y cuando la encontraron, en lugar de discutir las cifras, organizaron el linchamiento del autor.
Lo grave no es que se hayan llevado a Jon por delante. Lo grave es lo que el episodio deja claro. Cada profesional que trae números al espacio público sabe ahora cuál es el peaje: si lo que dices incomoda, se rastreará tu vida laboral, se reconstruirá tu trayectoria, se publicará lo que haga falta para que tus datos queden manchados por asociación. El argumento de fondo seguirá intacto, pero ya no importará. La tribu correspondiente habrá decidido que puede ignorarlo en paz.
El resultado es un debate público progresivamente vaciado de quienes manejan datos y rebosante de quienes manejan eslóganes. Quien tenga algo serio que aportar se lo guardará para una sala de seminarios donde nadie le hurgue en el contrato. Y los problemas reales (pensiones, vivienda, productividad, demografía) seguirán donde estaban, esperando a que vuelva a haber alguien dispuesto a pagar el peaje.
Suerte, Jon. Y gracias por todo el trabajo. Ojalá vuelvas pronto.