NELSON MANDELA Y JOHN CARLIN: PERIODISMO CON ALMA
La trayectoria humana y política de Nelson Mandela bordea el milagro. Nadie podría haber hecho lo que él hizo. Nadie poseía las grandes dosis de paciencia, tenacidad y poder de seducción que eran necesarias para transformar el odio acumulado por los años de opresión y agravios en una insólita e inesperada determinación de convivir en paz.
Algunos escritores y críticos literarios desprecian el periodismo, pues consideran que es un genero menor, con una prosa de urgencias y una mirada superficial. Sin embargo, hay periodistas con un gran talento narrativo y con la sensibilidad y honestidad necesarias para ir al fondo de las cosas. John Carlin, que trabajó como corresponsal en Sudáfrica para The Independent entre 1989 y 1995, es uno de esos periodistas. Durante esos años, Carlin se entrevistó con Mandela en muchas ocasiones y logró establecer una comunicación muy fluida con el líder sudafricano. No se hicieron amigos íntimos, pero sí se creó un lazo basado en el respeto mutuo y una perspectiva similar sobre la política y el ser humano.
Al margen de reportajes, entrevistas y artículos, Carlin escribió dos libros sobre el artífice del fin del apartheid: El factor humano (2008) y La sonrisa de Mandela (2013). El factor humano relata cómo Mandela utilizó la Copa del Mundo de Rugby de 1995 para superar el odio en una Sudáfrica dividida por años de racismo institucional y violencia política. La obra fue un gran éxito y Clint Eastwood la adaptó al cine en 2009 con el título Invictus y con Morgan Freeman en el papel de Mandela. Aunque Freeman hizo una gran interpretación, el film es previsible y decepcionante. No está a la altura de la historia real ni del genio de Eastwood como director.
La sonrisa de Mandela no alcanzó tanta difusión como El factor humano, pero posee un gran interés porque despliega una perspectiva más amplia del personaje, abordando los momentos cruciales de los años inmediatamente posteriores a la liberación del líder del Congreso Nacional Africano (ANC). Aunque el 11 de febrero de 1990 finalizó la reclusión de Mandela (27 años en distintos penales), no se convirtió en presidente hasta el 10 de mayo de 1994. En esos cuatro años, la extrema derecha blanca y el Partido de la Libertad Inkatha, liderado por el reyezuelo zulú Mangosuthu Buthelezi, firmaron un pacto secreto para dinamitar la transición de Sudáfrica a un futuro sin discriminación real.
Las incursiones de los milicianos de Inkatha en los townships (municipios) habitados por los militantes y simpatizantes del ANC, el partido de Mandela, se cobraron 20.000 vidas. Las sospechas de que militares, políticos y policías blancos opuestos al fin del apartheid les proporcionaron armas fue confirmada años más tarde. Buthelezi no quería perder su poder y sus privilegios, y pactó con los blancos racistas para sembrar el terror y el caos. Al mismo tiempo, el general Constand Viljoen organizó un ejército de 100.000 voluntarios para provocar una guerra civil. Sin la combinación de idealismo y pragmatismo de Mandela, Sudáfrica se hubiera sumido en una incontenible espiral de violencia.
John Carlin señala que el fanatismo, la cobardía moral, la corrupción y la mediocridad campan a sus anchas en el terreno de la política, pero Mandela carecía de esos vicios. Su integridad, sensatez, moderación, valentía e inteligencia salvaron al país del desastre. Sus armas fueron la generosidad, la empatía y la intuición. Muchos periodistas, escritores e intelectuales consideran que Nelson Mandela es el mejor político de la historia, una figura irrepetible que -según Arnold Schwarzenegger- es la mejor prueba de la existencia de Dios. Algunos objetarán que la opinión del actor estadounidense de origen austriaco constituye una hipérbole inaceptable, pero realmente la trayectoria humana y política de Mandela bordea el milagro. Nadie podría haber hecho lo que él hizo. Nadie poseía las grandes dosis de paciencia, tenacidad y poder de seducción que eran necesarias para transformar el odio acumulado por los años de opresión y agravios en una insólita e inesperada determinación de convivir en paz. Mandela consiguió que el odio se convirtiera en respeto mutuo. Blancos y negros aceptaron ponerse en fila para votar en los mismos colegios electorales, dejando atrás el rencor, la desconfianza y el anhelo de venganza.
John Carlin relata que el primer comunicado de Mandela después de salir de la cárcel fue decepcionante. Se limitó a leer una declaración que habían escrito los líderes del ANC, donde -entre otras cosas- sostenía que el uso de la lucha armada aún se hallaba justificado. Unas semanas después, Mandela convocó a la prensa y habló sin guion. Sus grandes dotes de persuasión borraron la pobre impresión de su comparecencia anterior. Amable y bromista, se mostró especialmente respetuoso con los periodistas afrikáners. Durante su estancia en la cárcel, Mandela había comprendido que la violencia jamás lograría acabar con el apartheid. Frente a los que pedían arrojar a los blancos al mar, había que insistir en que la convivencia era posible, que los afrikáner eran una parte esencial de la historia de Sudáfrica y no extranjeros, que la población blanca no debía temer nada, que no habría un ajuste de cuentas ni se adoptarían represalias. Mandela, que había aprendido afrikáner en la cárcel, demostró un amplio conocimiento de la cultura y el idioma de los holandeses que habían llegado a Sudáfrica en el siglo XVII. Elocuente, divertido y cercano, logró que los prejuicios que se habían creado alrededor de su figura se desvanecieran y que al final de la rueda de prensa los periodistas le ovacionaran, algo insólito en esa clase de eventos.
Winnie Mandela fue uno de los grandes problemas de Madiba cuando recuperó la libertad. Al margen de sus infidelidades, algunas muy conocidas, Winnie se sentía más cerca del ala dura del ANC, de esos jóvenes que aún se mostraban partidarios de usar la violencia. Después de pasar un año en la cárcel, la mayor parte en régimen de incomunicación, Winnie no se sentía cómoda con la actitud conciliadora de Nelson. De hecho, había creado una milicia que operaba como su guardia personal, disfrazada de agrupación deportiva, el Mandela United Football Club (MUFC). Como se demostró en la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, Winnie ordenó palizas y ejecuciones de supuestos colaboradores de la policía, como el niño de catorce años Stompie Seipei, al que torturaron para que acusara falsamente de abusos sexuales al reverendo blanco Paul Verryn. Aunque Verryn, que trabajaba en Soweto, se oponía al apartheid, Winnie consideraba que un blanco no debía ejercer ninguna influencia sobre los jóvenes negros, pues ese papel le correspondía exclusivamente a ella mientras su marido se hallara encarcelado. Los guardaespaldas de Winnie se dedicaron a propagar el terror en Soweto y cometieron delitos comunes, como robos y violaciones. Cuando Winnie compareció ante la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, el obispo y premio Nobel de la Paz Desmond Tutu se topó con un muro de arrogancia y desdén. Nelson no tuvo más suerte con ella y adoptó la decisión de separarse. Aunque era muy reservado con su vida privada, anunció el divorcio con enorme dignidad y sin reproches.
Mandela recurrió a la diplomacia una vez más para resolver los gravísimos conflictos provocados por el reyezuelo zulú Mangosuthu Buthelezi y el ex general Constand Viljoen. Prometió seguridad y respeto a sus dos antagonistas. Su intención de ser presidente no se limitaba a representar los intereses del ANC. Por el contrario, quería ser el presidente de todos los sudafricanos. Con el tiempo, Viljoen, responsable de la represión más virulenta durante los años más críticos, se convirtió en diputado y Buthelezi en Ministro del Interior. Ambos descartaron definitivamente los planes de desestabilización y Viljoen declaró con solemnidad que Mandela era su presidente. Pero la jugada maestra de Madiba aún estaba por llegar. Cuando en 1995 se celebró el Campeonato Mundial de Rugby en Sudáfrica, Mandela apoyó a los Springboks, el equipo blanco capitaneado por Francois Pienaar. El rugby era el deporte de la minoría blanca afrikáner y un símbolo de opresión para la población negra.
Los Springboks no habían podido participar en los mundiales entre 1987 y 1991 debido al boicot internacional contra el régimen racista. Mandela vio en el torneo de 1995 una oportunidad única para sanar las heridas. No sin dificultades, convenció a la población negra de apoyar al equipo en lugar de boicotearlo. Sus posibilidades de ganar al rival neozelandés no eran muy altas, pero Mandela se reunió con Pienaar y sus jugadores para infundirles espíritu triunfador y convencerlos de que viajaran a los guetos para enseñar rugby a los niños, un gesto que les ayudaría a ganarse el afecto de la población negra. El día del partido Mandela entró en el campo vistiendo la camiseta verde de los Springboks con el número 6 (el mismo de Pienaar). Ese gesto provocó que el público, con un 95% de blancos, comenzara a corear su nombre: “¡Nelson, Nelson, Nelson!”. Tras un partido agónico que exigió una prórroga, los Springboks ganaron la final. Mandela entregó la Copa Webb Ellis a Pienaar y le agradeció la victoria. Pienaar contestó: “No, señor presidente, gracias a usted por lo que ha hecho por Sudáfrica”. Muchos consideran que ese momento marcó un hito definitivo en la consolidación del país como la “Nación del Arco Iris”, una expresión acuñada en 1994 por Desmond Tutu.
La sonrisa de Mandela es una magistral obra periodística. John Carlin realiza un relato profundamente conmovedor. Durante su último encuentro con Madiba, la edad ya había causado estragos. Con más de noventa años, Mandela ya no podía caminar solo y había perdido la memoria a corto plazo, pero al oír hablar de la final del Campeonato Mundial de Rugby, sonrió y exclamó emocionado: “Fue extraordinario, extraordinario”. Mandela no es un mito con los pies de barro, sino un auténtico coloso moral. Todos los que han trabajado con él han coincidido en señalar que era un hombre de una sola cara, honesto, cordial, respetuoso y hondamente empático. Cuando ya siendo presidente se alojaba en hoteles de lujo, se levantaba a las 4’30 y hacía la cama él mismo. En una ocasión, la señora de la limpieza se molestó y, al enterarse, Mandela le pidió disculpas, explicándole que hacer la cama era para él como cepillarse los dientes. Carlin preguntó en una ocasión al ex general Viljoen sí le gustaría volver ver a Mandela y el militar, racista y ultraderechista hasta que conoció al líder del ANC, le respondió: “Me encantaría. Es el más grande entre los grandes”.
RAFAEL NARBONA
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@Rafael_Narbona ¿Cómo serán los perfectos idiotas de centro? Muy centrados tampoco estarán. De todas formas, algunas de esas ideas son intercambiables entre los hunos y los otros. Lo importante es poder debatir sobre esos temas sin parecer un idiota.
@Rafael_Narbona Yo creo que sí. Como en todo, el exceso no es bueno y tienes que cuidarte para poder seguir leyéndote. Más allá de la compensación económica que pueda ofrecerte, te doy mi agradecimiento por la inspiración, no solo para pensar sino también para actuar.
Prohibirle las redes sociales a los menores de 16 está bien. Pero tratándose de un sector estratégico mejor estaría prohibir el control de multimillonarios propensos al nazismo.
Mi columna de hoy en CTXT:
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Cada modo de producción, explica Marx, tiene sus propias leyes demográficas. La acumulación del capital produce una sobrepoblación obrera, un ejército industrial de reserva que es “condición de existencia” del capitalismo ya que proporciona “material humano explotable y siempre
LA VALENTÍA DE DAVID UCLÉS
Celebro la valentía de David Uclés. En su caso, yo tampoco habría acudido a un ciclo titulado "La guerra que perdimos todos". La guerra la perdió la España de Lorca, Machado y Miguel Hernández. La España de los jornaleros, los mineros y los maestros. La guerra la ganaron los espadones, los obispos y los terratenientes. Entiendo que los diarios de la ultraderecha ataquen a Uclés, pero me parece indignante que El País haya publicado artículos de Ana Iris Simón y Daniel Gascón, acusando al joven escritor de Úbeda de intolerante, demagogo y fascista. Cada vez más plumas jóvenes se aproximan a VOX. Soto Ivars ya ha declarado que la ultraderecha es la única que defiende a los hombres -un grupo "particularmente vulnerable"- del maltrato de las pérfidas mujeres, intoxicadas de feminismo. Gascón hace unos días arrojó toneladas de inmundicia sobre Zapatero. Imagino que ahora estará preparando un elogio de Aznar. Indignado por el alineamiento de ciertos plumíferos con las perspectivas más reaccionarias, aplaudo a David Uclés por mojarse y no querer participar en un evento con un insoportable tufo a revisionismo.
El martes publicaré un artículo sobre el tema en El Cultural.
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Se equivoca, presidente Trump. No hay personas ilegales. La familia humana es indivisible. No hay extranjeros ni personas ilegales, pero sí leyes que deshumanizan, invocando absurdos ideales de pureza. Las fronteras son creaciones humanas y, en la mayoría de los casos, se han utilizado como pretexto para iniciar guerras o cometer crueldades, como las deportaciones forzosas.
Esas personas a las que el presidente Trump desprecia y persigue son esos «descartados» de los que hablaba el Papa Francisco y a los que hoy se cierra las puertas, como se les cerraron a un matrimonio de Nazaret que buscaba techo para poder alumbrar un niño. Lo cristiano, lo ético, lo humano, es abrir puertas, derribar muros y compartir la mesa. Alinearse con la justicia y asumir la defensa de los más vulnerables, presidente Trump, no es un acto de insurrección, sino la forma más radical de luchar contra la ausencia de amor, es decir, contra la raíz más profunda del mal.
Paso a compartiros que he decidido poner punto final a mis colaboraciones con @EspejoPublico Hace un año acepté participar para aportar un análisis distinto en un programa de máxima audiencia que llega a muchas casas y bares de nuestros barrios. Sin embargo, después de la experiencia del viernes pasado, me queda definitivamente claro que no hay ningún interés en que pueda desarrollar un punto de vista alternativo a la opinión mayoritaria en estas tertulias, y que mi presencia ahí sólo sirve para legitimar una pluralidad que no es tal. Como ya dije hace días, no hay libertad de expresión ni pluralidad cuando determinadas ideas, y quienes las representan, no tienen el mismo trato ni el mismo respeto que merecen otros análisis.
Precisamente, por respeto a mis ideas, que son las de muchas otras personas que no siempre tienen voces que las representen en los medios, creo que merecemos estar en espacios donde se den las condiciones para su mejor defensa y huir de aquellos lugares donde sólo se incorpora otra visión para caricaturizarla, ridiculizarla o manipularla.
Como politóloga, además, tampoco quiero formar parte de un espectáculo en que, en lugar de poder abordar los temas de la actualidad política, debo dedicar gran parte del tiempo a defenderme, profesional y políticamente. Algo que no pasa cuando quienes opinan defienden el "statu quo" capitalista o muestran críticas en el marco de posibilidad que otorga el poder económico y político. No quiero que mis alumnos naturalicen la falta de respeto hacia esta profesión cuando no estás alineada con la mayoría.
Soy consciente de que tener una visión contracorriente o atreverse a denunciar este capitalismo que agoniza y que, cada vez, se vuelve más violento contra quienes queremos transformarlo, tiene un precio, tanto en la vida como en la carrera profesional. De esa tradición vengo y aquí voy a seguir, con todas las consecuencias. Pero en esta batalla de ideas, la estrategia es tan importante como la táctica. Por eso, me retiro de esa trinchera mediática. Seguiré en otras y en las que puedan venir en un futuro, donde sienta que haya más margen para aportar.
Muchas gracias por vuestra atención y muchas gracias a la buena gente que trabaja en los medios, que también la hay, a pesar de las líneas editoriales de sus empresas.
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No me parece descabellado afirmar que el movimiento MAGA no aceptará una derrota en las urnas. Si en noviembre de 2028, un Trump ya demasiado mayor para presentarse a un tercer mandato, una posibilidad que no ha excluido, cediera el testigo al vicepresidente J.D. Vance y sufriera una derrota en las urnas, no podemos descartar un nuevo asalto al Capitolio o una acción similar. ¿Se encamina Estados Unidos a un escenario como el de Civil War, la película de Alex Garland estrenada en 2024?
UN REVOLUCIONARIO LLAMADO NELSON MANDELA
Nelson Mandela siempre fue un revolucionario. Al ser liberado el 11 de febrero de 1990, declaró: "Nuestro recurso a la lucha armada en 1960 con la formación del ala militar del ANC, Umkhonto we Sizwe, fue una acción puramente defensiva en contra de la violencia del apartheid. Existen todavía los factores que hicieron necesaria la lucha armada hoy. No tenemos más remedio que continuar. Expresamos la esperanza de que un clima propicio para un acuerdo negociado se creará en breve por lo que ya no puede ser necesaria la lucha armada".
Nelson Mandela evitó una guerra civil, pero no fue un pacifista al estilo de Gandhi. Siempre consideró legítimo recurrir a la resistencia para combatir las situaciones de opresión como la que vivía la Sudáfrica del apartheid, la Cuba de Batista, la Argelia colonial o la Palestina ocupada por Israel. Mandela era mucho realista que Gandhi. De ahí que también declara al salir de la cárcel: "Hemos esperado demasiado tiempo para nuestra libertad. Ya no podemos esperar. Ahora es el momento de intensificar la lucha en todos los frentes. Relajar nuestros esfuerzos ahora sería un error que las generaciones venideras no serán capaces de perdonar. La visión de la libertad que se avecina en el horizonte debe animarnos a redoblar nuestros esfuerzos".
No está de más recordar estas reflexiones en una época donde el fascismo ha regresado y conspira contra la libertad, los derechos humanos y la democracia. ¿Alguien cree seriamente que Trump se resignará a perder unas elecciones? La posibilidad de una guerra civil en EEUU ya no es una hipótesis descabellada. Los autócratas se está apoderando del mundo y solo la movilización ciudadana podrá evitar esta catástrofe.
@Rafael_Narbona Voy a simplificar mucho: el poder que tiene un multimillonario para manipular la realidad con su dinero, también lo tiene el pueblo, pero más descentralizado. Mi dinero lo uso para promover aquello que aporta beneficios a la sociedad, como por ejemplo, tus libros. Gracias.
LA HUMANIDAD DEBERÍA SER EL ADN IDEOLÓGICO DE LAS BUENAS CAUSAS
Después de colgar una fotografía con Juan Carlos @MonederoJC, he perdido un puñado de seguidores. No me sorprende. La sociedad, incluida la izquierda, es muy aficionada a los linchamientos. Conviene recordar que la Fiscalía archivó las acusaciones de presunto acoso sexual contra el profesor y politólogo, alegando que no había indicios sólidos y que los hechos carecían de la "entidad suficiente para considerarlos como un trato degradante y atentado grave contra la integridad moral de las alumnas". En el caso de la militante de Podemos que supuestamente fue acosada en Galicia en 2016, la presunta víctima ni siquiera presentó denuncia. Persiste la denuncia de un alumna que ha alegado "acoso ambiental en el aula". Según ella, le dijo que tenía "cara de zorra". Según Monedero, al que creo, se limitó a comentar que cuando se aplica el término "zorro" a un hombre, se considera sinónimo de astucia y, en cambio, en el caso de una mujer, posee una connotación negativa.
Los excesos del #MeToo están vinculando al feminismo, una causa de gran valor, a linchamientos que muchas veces son orquestados por terceras personas para destruir la reputación de un ser humano. Esa forma de actuar resta credibilidad a las mujeres que sufren acoso y maltrato. Además, se vincula el feminismo a castigos crueles y desproporcionados. En el caso de Errejón y Monedero, se ha conseguido su cancelación, su muerte social, un castigo desmedido incluso si las acusasciones tuvieran algún fundamento, algo que dudo. Ni siquiera se contempla la posibilidad de rehabilitación.
Monedero y yo fuimos compañeros de colegio y, después, nos hemos compartido charlas y lecturas. Creo que es una persona honesta, comprometida y honorable, con sus imperfecciones y fragilidades, como todos los seres humanos. ¿Alguien puede alardear de ser perfecto? No está de más recordar aquí las palabras de Jesús de Nazaret: "El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra".
Me horroriza que la izquierda y el feminismo incurran en conductas propias del fascismo, como el afán vengativo, el linchamiento, la exclusión social o la presunción de culpabilidad. Por ese camino, la izquierda y el feminismo pierden esa humanidad que debería ser su ADN ideológico.
Cinco minutos espectaculares de ética para los tiempos que corren.
Esta tierra es mía (This Land Is Mine), una película de 1943. La cinta es un drama de guerra que se desarrolla en la Francia ocupada por los nazis. Contexto contemporáneo.
https://t.co/ccqFExUTDd
"Desde 1983 EEUU invirtió más de 3.000 millones de dólares para proveer de armamento y pagar los sueldos de los muyahidines. Financiando la participación de milicias islamistas de otros países convirtieron un conflicto regional localizado en un foco de integrismo islámico."
@Santi_ABASCAL Santiago Abascal, eres uno de los canallas más repulsivos de un mundo lleno de miserables y corruptos. Te deberían dar el Premio Nobel de la Ignominia.
VOSOTROS, FASCISTAS, SOIS LOS TERRORISTAS
¡Cuánta razón tenía Irene Montero al decir que era necesario reventar a la derecha! Todos los días me encuentro con nuevos insultos en las redes sociales. La derecha ya es abiertamente golpista. En todo el planeta. Intenta reventar a todos sus adversarios mediante la guerra sucia en las redes sociales y en la vida real. En España, reventaron a Podemos, a los sindicalistas de la Suiza, a los jóvenes de Zaragoza y Alsasua, a escritores como David Uclés, que dejó Twitter harto de insultos.
Ayuso es una de las principales responsables de este clima de odio. Cuando dijo "Comunismo o barbarie" o "Que te vote Txapote" arrojó más gasolina al fuego que ya ardía desde el 36, cuando la derecha dio un golpe de estado. Ahora, la época en que vivimos no soporta estas maniobras, pero siguen deseando fusilar a 26 millones de españoles, como confesaron un grupo de militares españoles en un chat privado.
Yo solo soy uno de los miles de ciudadanos de izquierdas a los que la derecha quiere reventar. De momento, en las redes sociales, pero en una Feria del Libro ya tuve que contar con protección policial, pues me habían amenazado desde varias páginas neonazis de esta red social. Pablo Iglesias le dijo a Espinosa de los Monteros que la derecha deseaba dar un golpe de estado, pero no se atrevían a hacerlo. Es cierto. De momento, ya han conseguido la cabeza del ex fiscal general del Estado, una jugada concebida para tapar la corrupción del entorno de Ayuso, que en su momento declaró que el rey, los jueces y ella harían lo necesario para frenar las reformas del gobierno de Sánchez.
Esta guerra sucia no sería posible sin sicarios mediáticos como Carlos Herrera, Jiménez Losantos, Antonio Naranjo, Girauta y sus satélites, plumíferos como Javier Rubio Donzé o cualquiera de los plumillas que trabajan en The Ojete, El Debate, Libertad Digital, el ABC y cloacas similares. Los crímenes del nazismo no se habrían producido sin la campaña de intoxicación de los medios conservadores, que avivaron el odio al comunismo, el socialismo y las minorías.
No se puede dialogar con quienes pretenden destruirte. Hay que reventarlos, como señaló Irene Montero con su valentía habitual. Y reventar aquí no significa utilizar la violencia física, sino desenmascararlos para neutralizar su discurso. Y eso se hace con pasión, compromiso, beligerancia verbal, amor a la verdad y determinación de no dar ni un paso atrás.
Cuando acusan de odio a la izquierda, solo cabe una respuesta: ¡Vosotros, fascistas, sois los terroristas!
ILEGALIZAR VOX PARA SALVAR LA DEMOCRACIA
La ultraderecha (la derecha democrática ya no existe) no deja de utilizar mis problemas de salud para atacarme. Sufrí la mala práxis de la psiquiatría, que confundió un estado de dolor psíquico con una depresión y me recetó un antidepreviso, provocándome una crisis de manía. Mi reacción se interpretó como un cuadro de bipolaridad, pero yo retiré progresivamente la medicación y recobré la estabilidad. Actualmente, solo tomo antiagregantes para evitar que se reestenosen mis stens.
Si se utiliza un problema de salud mental para descalificar a una persona, nunca se llegarán a normalizar estas patologías y sus afectados sufrirán doblemente, avergonzándose de estar enfermos.
Vox y Ayuso, verdadera líder el PP, son los principales responsables de este clima de odio. Se les debía aplicar la ley de partidos que prohíben los discursos de odio. Ilegalizar a Vox mejoraría la convivencia y salvaría a muchos jóvenes de su perversa influencia. Se hizo en Grecia con Amanecer Dorado y todos salieron ganando.
Bildu rompió hace mucho con la violencia y ha apoyado las medidas sociales del gobierno de Sánchez. No es una amenaza para la nadie. En cambio, la derecha no cesa de atacar, humillar y acosar a todos los que creen en la libertad, la diversidad y la solidaridad. ¿Hasta cuándo soportaremos esta nueva forma de fascismo?
Hay que plantar cara al matonismo de la derecha. No hay que dejarse intimidar ni retroceder. Resistir es la única opción razonable ante su malicia y demagogia.